Rhododendron

Rhododendron
Tsutsuji

26 junio, 2021

879. Conserva tu tenedor.

El sonido de la voz de Martha al otro extremo del teléfono siempre produjo una sonrisa en el rostro del Padre Juan.

Sin embargo, en esta ocasión, sus palabras parecían tener un tono poco común.

—Padre, ¿Podría venir esta tarde? Necesito hablar con usted.

— ¡Por supuesto hija, ahí estaré!

 

Cuando se sentaron uno frente al otro, en la tranquilidad de su pequeña sala, el Padre supo el motivo por el que escuchó así su voz.

—“Dice el doctor que es probable que viva sólo seis meses. Dios ha sido bueno. He vivido una vida prolongada. Estoy lista para partir”.

 

Los dos charlaron durante mucho tiempo con tranquilidad. Hablaron sobre las flores favoritas de Martha, sobre la música, los pasajes de la Biblia que habían significado mucho para ella a través de los años, y sobre los muchos recuerdos que compartieron durante los cinco años que el Padre había estado en la Iglesia.

 

Cuando parecía que habían cubierto todo. Martha hizo una pausa, miró al Padre y guiñó el ojo. Una cosa más, añadió ella:

—Cuando me entierren, deseo tener mi vieja biblia en una mano y un tenedor en la otra.

— ¿Un tenedor?

 

El Padre estaba seguro que había escuchado todo, pero eso lo sorprendió:

— ¿Por qué desea que la entierren con un tenedor?

—“He estado pensando en todas las cenas y banquetes de la Iglesia a los asistí a través de los años”. Explicó Martha. “No podría contarlos todos, pero algo quedó fijo en mi mente. En todas esas agradables reuniones, al terminar la comida, alguien se inclinaba sobre mi hombro y murmuraba: ‘Puedes conservar tu tenedor

¿Sabe lo que significaba eso? ¡Que llegará el postre! ¡Significaba que vendría algo sabroso, como un pastel de chocolate o un pay de cereza! Cuando me decían que podía conservar mi tenedor, sabía que lo mejor estaba por llegar. Cuando pasen junto a mi ataúd y miren mi bonito vestido azul, deseo que se vuelvan entre sí y pregunten ‘¿Por qué el tenedor?’ Quiero que por favor les diga que conservo mi tenedor porque creo que… ¡Lo mejor está por venir!

24 junio, 2021

878. Presencia de Dios.

El sabio Uddalaka enseñó a su hijo Vetketu a descubrir al Uno tras la apariencia de lo múltiple. Y lo hizo valiéndose de “parábolas” como la siguiente:

 

Un día le ordenó a su hijo: 

-“Pon toda esta sal en agua y vuelve a verme mañana por la mañana”.

 

El muchacho hizo lo que se le había ordenado, y al día siguiente le dijo su padre: 

-“Por favor, tráeme la sal que ayer pusiste en el agua”. 

-“No la encuentro”, dijo el muchacho. “Se ha disuelto”.

-“Prueba el agua de esta parte del plato”-, le dijo Uddalaka. -“¿A qué sabe?” 

-“A sal”.

-“Ahora prueba del otro lado del plato. ¿A qué sabe?” 

-“A sal”.  

 -“Sorbe ahora de la parte del centro. ¿A qué sabe?”  

 -“A sal”. 

-“Ahora prueba del otro lado del plato. ¿A qué sabe?” 

-“A sal.” 

-“Arroja al suelo el contenido del plato, dijo el padre. “

 

Así lo hizo el muchacho, y observó que, una vez evaporada el agua, reaparecía la sal.

 

Entonces le dijo Uddalaka: 

“Lo mismo que no eras capaz de ver la sal en el agua, hasta que ésta se ha evaporado, tú no podrás ver a Dios aquí, hijo mío, hasta que tu cuerpo se “evapore”, pero de hecho está aquí, contigo”.

877. Maestro. Elisa Mellosery,

A ti dirijo mi plegaria,
tú, que has de pulimentar mi alma
y modelar mi corazón.

No me mires con ceño adusto
si no me comprendes todavía,
ten paciencia.

No siempre reprima tu gesto
mis impulsos,
no atiborres
mi débil inteligencia con nociones superfluas.

Enséñame
lo útil, lo verdadero, lo bello,
que mis ojos aprendan a ver
y mi alma a sentir.

Enséñame con amor,
porque si no me amas
no podré comprenderte nunca.

Maestro, padre intelectual
que has de dar luz a mis ojos,
aliento a mi cerebro,
bondad a mi alma,
verdad a mis palabras, rectitud a mis actos.
¡Bendito seas!

876. ¿Cómo los maestros comunican a los “Buenos” alumnos sus altas expectativas?

-Se recuerdan y los llaman siempre por sus nombres.

-Hacen frecuente contacto visual con ellos.

-Les ponen atención a sus comentarios y respuestas.

-Estimulan su participación en clase.

-No los interrumpen en sus intervenciones.

-Le dan el tiempo necesario para que  respondan a sus preguntas.

-Elogian sus planteamientos y respuestas.

-Los retroalimentan en tiempo, con exactitud y precisión.

-Prefieren que ocupen asientos cerca del “lugar” del maestro.

-Les solicitan colaboración en actividades extras.

 

 

(*) Según Thomas L. Good y Jere E. Brophy., La sociología educativa.

Un acercamiento holístico., Holt Rinehalt and Winston., New York, 1990.

 

 

Thomas L. Good. Es profesor y director interino del Departamento de Psicología de la Educación de la Universidad de Arizona. Recibió su Ph.D. de la Universidad de Indiana.


Jere Edward Brophy era un psicólogo educativo estadounidense y profesor distinguido universitario de formación docente en la Universidad Estatal de Michigan. Recibió el Premio E. L. Thorndike en 2007. Wikipedia (Inglés)

Fallecimiento: 16 de octubre de 2009.