Ella llegó un día para cambiarme la vida.
Derribó todas las barreras que yo había levantado. No quería saber
nada del amor. Estaba roto, desencantado. Había perdido la ilusión.
Pero entonces, llegó ella y no hubo barrera alguna demasiado alta ni
coraza lo suficientemente dura para su sonrisa. Derritió con su mirada todos y cada uno de los muros que yo creía me protegían de
enamorarme de nuevo.
Me demostró que es imposible frenar el amor cuando se encuentra a
alguien así, tan maravillosa que incluso la vida misma se para a mirarla cuando camina por la calle, feliz, a pesar de todo por lo que ha pasado.
Me ha enseñado a amar de nuevo, a enamorarme cada día de la misma persona y querer seguir cumpliendo sueños a su lado. Se ha convertido en lo más importante, sus sentimientos se funden con los míos y basta un atisbo de tristeza en su mirada para que se me caiga el cielo. Qué ironía. Yo, que no quería amor, termino amando tan intensamente que a veces incluso duele, por los miedos o las dudas de un pasado que siempre pesa, que siempre está presente.
Alejandro Ordóñez Perales (Gijón, 1993). Tras comenzar a estudiar Economía en Madrid, sintió que
la vida se le escapaba entre números mientras su pasión, escribir, se marchitaba en una esquina.
Rompió con las ciencias y se refugió en las letras, saciando sus ganas de sacar lo que lleva dentro en la
web que comanda desde entonces, porescribir.com.
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