Rhododendron

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Tsutsuji

16 septiembre, 2018

628. El samurai.

Cerca de Tokio vivía un gran samurai ya anciano, que se dedicaba a enseñar a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.
 
Cierta tarde, un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación. Esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para reparar en los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Con la reputación del samurai, se fue hasta allí para derrotarlo y aumentar su fama.
 
Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío.
 
Juntos, todos se dirigieron a la plaza de la ciudad y el joven comenzaba a insultar al anciano maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió en la cara, le grito todos los insultos conocidos -ofendiendo incluso a sus ancestros-.
Durante horas hizo todo por provocarlo, pero el viejo permaneció impasible.
 
Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.
 
Desilusionados por el hecho de que el maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron: 
 
-¿Cómo pudiste, maestro, soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usaste tu espada, aun sabiendo que podías perder la lucha, en vez de mostrarte cobarde delante de todos nosotros?
 
El maestro les preguntó: 
 
-Si alguien llega hasta ustedes con un regalo y ustedes no lo aceptan, ¿A quién pertenece el obsequio?
-A quien intento entregarlo- respondió uno de los alumnos.
-Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -dijo el maestro-
 
Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los lleva consigo.

627. Cómo llevarse bien con la gente.


Poner freno a la lengua, decir menos de lo que se piensa. 

Cuidar el tono de voz; la impresión de lo que se dice depende del tono de cómo se diga. 

Hacer pocas promesas, y cumplirlas fielmente a cualquier precio. 

El principio de hablar siempre con la verdad es fundamental. 

No dejar pasar ninguna oportunidad para decir una palabra amable y alentadora a alguien o de algo. 

Elogiar el trabajo bien hecho, sin importar quien lo hizo. 

Poner interés en los anhelos, el bienestar, los hogares y las familias de los demás; alegrarse con los que están contentos y acompañar a los que lloran; hacer sentir a aquellos con quienes que se trate, se les considera personas importantes, sin tomar en cuenta cuán humildes sean. 

Tener siempre la sonrisa en los labios y detrás de ella esconder las penas, las preocupaciones y desengaños. 

Reír de los buenos chistes y aprender a decirlos. 

Mantener el criterio abierto en todos los problemas; discutir pero sin acalorarse; ser formal en cualquier acuerdo o trato que se haga. 

Si se tienen algunas cualidades, dejar que hablen por sí mismas, y rehusar hablar de los vicios de los demás. 

Desalentar el chisme, y no decir nada de nadie a menos que sea algo bueno. 

No jugar con los sentimientos de los demás. 

La broma y el buen humor a costa de otros, rara vez valen la pena y puede herirse donde menos se espera. 

Ser responsable de lo que diga o haga; tener un alto sentido de la responsabilidad en el trabajo, con la familia y en los demás sitios donde conviva. 

Hablar con amor y entregarlo sin límite a los demás. 

Por medio del amor se puede vencer cualquier sentimiento de animadversión.

626. pág. 112 La oración de la rana. Anthony de Mello, indio.


A Buda parecían dejarle impávido los insultos que le lanzaba aquel visitante. 

Cuando, más tarde, sus discípulos quisieron saber cuál era el secreto de su imperturbabilidad, él dijo: 

“Imaginad lo que ocurriría si alguien os ofreciera algo y no lo tomarais; o si alguien os enviara una carta y os negarais a abrirla: su contenido no os afectaría en lo más mínimo, ¿No es así? 

Pues haced lo mismo cuando os injurien, y no perderéis la calma.» 

La única clase de auténtica dignidad es la que no sufre menoscabo con la falta de respeto de los demás. Por mucho que escupas a las cataratas del Niágara, no lograrás reducir su grandeza. 



Anthony de Mello S.J. fue un sacerdote jesuita y psicoterapeuta conocido por sus libros y conferencias sobre espiritualidad, donde utilizaba elementos teológicos de otras religiones, además de la tradición judeocristiana.Wikipedia
Fecha de nacimiento4 de septiembre de 1931, Bombay, India
Fallecimiento2 de junio de 1987.