Rhododendron

Rhododendron
Tsutsuji

14 julio, 2017

499. Decide tu vida: elige ser feliz. Antonio Pérez Esclarín, español.

En cierta ocasión, le preguntaron a Helen Keller qué haría si pudiera recobrar la vista al menos por tres días. 
Esta fue su respuesta:

El primer día sería muy ajetreado. Llamaría a mis amigos más queridos y observaría largo rato sus rostros para grabar en mi mente las manifestaciones externas de su belleza interior. Dejaría que mis ojos se posaran también en la cara de un bebé recién nacido, a fin de captar un atisbo de ese candor anhelante y bello que antecede a la conciencia individual de los problemas de la vida. 

Querría ver los libros que otras personas me han leído y que me han revelado mil secretos profundos de la existencia humana. Y me gustaría ver los confiados ojos de mis fieles perros, el pequeño terrier escocés y el robusto gran danés.

Por la tarde, daría un largo paseo por el bosque y me regodearía contemplando las maravillas de la naturaleza. Y elevaría una plegaria al cielo ante el prodigio multicolor del ocaso. Esa noche, supongo, no podría conciliar el sueño.

Al día siguiente, me levantaría al amanecer y presenciaría el estremecedor milagro por el cual la noche se transforma en claridad. Contemplaría llena de asombro el magnífico espectáculo de luz con que el sol despierta a la tierra durmiente.

Dedicaría este día a echar un vistazo al mundo, pasado y presente. Querría ver la evolución del progreso humano, y para ello visitaría los museos. Allí mis ojos verían la historia abreviada de la Tierra: los animales y las diversas etnias humanas recreadas en su ambiente natural; los esqueletos gigantescos de los dinosaurios y mastodontes que vagaban por el mundo antes de que apareciera esa pequeña criatura de poderoso cerebro –el hombre -y conquistara el reino animal.

Mi siguiente visita sería al Museo de Arte. Conozco bien a través del tacto las figuras esculpidas de los dioses y las diosas del antiguo Egipto. He palpado con los dedos reproducciones de los frisos del Partenón, y percibido la grácil belleza de esculturas de
guerreros atenienses en acción. El rostro barbado y tosco de Homero me es muy querido, ya que él también supo lo que es estar ciego.

Así pues, el segundo día intentaría penetrar en el alma humana a través del arte. Podría ver las cosas que conocí por medio del tacto, pero en todo su esplendor: el magnífico mundo de la pintura quedaría expuesto ante mis ojos (...).

Pasaría la tarde del segundo día en un teatro o un cine. (...). Yo no puedo disfrutar la belleza del movimiento rítmico más que con la limitada capacidad del tacto de mis manos.

Sólo puedo entrever en mi imaginación la gracia de una Ana Pavlova, aunque conozco en parte el deleite del ritmo, ya que a menudo puedo sentir la cadencia de la música cuando hace vibrar el piso. Bien puedo imaginar que el movimiento cadencioso debe ser una de las visiones más disfrutables del mundo. He logrado formarme una idea de esto al recorrer con mis dedos las líneas del mármol esculpido, y si esta gracia inmóvil puede ser tan hermosa, ¡Más intensa aún ha de ser la emoción de ver la gracia en movimiento!

A la mañana siguiente, de nuevo daría la bienvenida al amanecer, ansiosa por descubrir otros deleites, otras manifestaciones de la belleza. Este día, el tercer, lo pasaría en el mundo de la gente común, en los sitios donde se divierten y donde batallan para ganarse el sustento. La ciudad se convierte en mi destino.

Me detendría primero en una esquina transitada a mirar en silencio a la gente, intentando con ese simple acto comprender algo de su vida cotidiana. Veo sonrisas y me siento feliz.

Veo una firme determinación y me lleno de orgullo. Veo sufrimiento y aflora en mí la compasión (..). Estoy segura de que los colores de los vestidos de las mujeres que caminan entre la multitud son un espectáculo maravilloso del que nunca podría cansarme. Pero es
posible que, si pudiera ver, fuera yo como la mayoría de las mujeres: estaría demasiado interesada en la moda para prestar atención a la belleza de los colores entre un gentío.


 
Helen Adams Keller fue una escritora, oradora y activista política sordociega estadounidense. A la edad de diecinueve meses sufrió una grave enfermedad que le provocó la pérdida total de la visión y la audición. Wikipedia
Fallecimiento1 de junio de 1968.



 
Antonio Pérez Esclarín nació en Berdún, un pueblito del pirineo aragonés, en España. 

498. No te mueras con tus muertos. René J. Trossero, argentino.

Ante tus muertos queridos, tu corazón tiene mil interrogantes y tu razón ninguna respuesta.

Resolverás mejor la cosa, cuando preguntes menos y aceptes más.

Las flores que regalas a tus muertos hablan de la vida y la esperanza.

También en tu corazón duermen la vida y la esperanza, esperando que tú las despiertes para seguir viviendo esperanzado.


No te mueras con tus muertos; ¡Míralos marchar por su camino, haca su meta, y aprende la lección que ellos te dejan, diciendo que tu andar de peregrino, también tiene un final, al que te acercas...!


Parte del dolor que te golpea cuando despides a tus muertos, se debe a una pregunta que golpea en tu interior, interrogando por el sentido de la vida.

Si respondes de verdad, sincera y frontalmente, gracias a la muerte de tus muertos, tu vivirás más plena y auténticamente. 

 
René Juan Trossero tiene 86 años, fue sacerdote y a los 45 años se recibió de psicólogo en Buenos Aires. Tiene 43 folletos escritos y 45 libros: No te mueras con tus muertos, el más vendido; tiene 51 ediciones, La alegría de vivir en pareja, No dejes de vivir aunque tengas que sufrir, Queridos adolescentes, crezcan felices... 


12 julio, 2017

497. Dura lluvia va a caer. Robert Allen Zimmerman, estadounidense.

Oh, ¿Dónde has estado, mi querido hijo de ojos azules?
¿Dónde has estado, mi joven querido?
He tropezado con la ladera de doce brumosas montañas,
he andado y me he arrastrado en seis autopistas curvadas,
he andado en medio de siete bosques sombríos,
he estado delante de una docena de océanos muertos,
me he adentrado diez mil millas en la boca de un cementerio,
y es dura, es dura, es dura, es muy dura,
es muy dura la lluvia que va a caer.
Oh, ¿y qué viste, mi hijo de ojos azules?
Oh, ¿qué viste, mi joven querido?
Vi lobos salvajes alrededor de un recién nacido,
vi una autopista de diamantes que nadie usaba,
vi una rama negra goteando sangre todavía fresca,
vi una habitación llena de hombres cuyos martillos sangraban,
vi una blanca escalera cubierta de agua,
vi diez mil oradores de lenguas estaban rotas,
vi pistolas y espadas en manos de niños,
y es dura, es dura, es dura, y es muy dura,
es muy dura la lluvia que va a caer.

¿Y qué oíste, mi hijo de ojos azules?
¿Y qué oíste, mi joven querido?
Oí el sonido de un trueno, que rugió sin aviso,
oí el bramar de una ola que pudiera anegar el mundo entero,
oí cien tamborileros cuyas manos ardían,
oí diez mil susurros y nadie escuchando,
oí a una persona morir de hambre, oí a mucha gente reír,
oí la canción de un poeta que moría en la cuneta,
oí el sonido de un payaso que lloraba en el callejón,
y es dura, es dura, es dura, es muy dura,
es dura la lluvia que va a caer.

Oh, ¿a quién encontraste, mi hijo de ojos azules?
¿Y a quién encontraste, mi joven querido?
Encontré un niño pequeño junto a un poni muerto,
encontré un hombre blanco que paseaba un perro negro,
encontré una mujer joven cuyo cuerpo estaba ardiendo,
encontré a una chica que me dio un arco iris,
encontré a un hombre que estaba herido de amor,
encontré a otro, que estaba herido de odio;
y es dura, es dura, es dura, es muy dura,
es muy dura la lluvia que va a caer.

¿Y ahora qué harás, mi hijo preferido?
¿Y ahora qué harás, mi joven querido?

Voy a regresar afuera antes que la lluvia comience a caer,
caminaré hacia el abismo del más profundo bosque negro,
donde la gente es mucha y sus manos están vacías,
donde el veneno contamina sus aguas,
donde el hogar en el valle encuentra el desaliento de la sucia prisión,
y la cara del verdugo está siempre bien escondida,
donde el hambre amenaza, donde las almas están olvidadas,
donde el negro es el color, y ninguno el número,
y lo contaré, lo diré, lo pensaré y lo respiraré,
y lo reflejaré desde la montaña para  que todas las almas puedan verlo,
luego me mantendré sobre el océano hasta que comience a hundirme,
pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantarla,
y es dura, es dura, es dura, es muy dura,
es muy dura la lluvia que va a caer. 


Bob Dylan (DuluthMinnesotaEstados Unidos, 24 de mayo de 1941),1 registrado al nacer como Robert Allen Zimmerman (en hebreo: שבתאי זיסל בן אברהם, Shabtai Zisl ben Avraham), es un músicocantante y poeta estadounidense, ampliamente considerado como una de las figuras más prolíficas e influyentes de su generación.

Adoptó el nombre de Bob Dylan en honor al poeta inglés Dylan Thomas. (1914 - 1953).

Premio Nobel de Literatura 2016.

10 julio, 2017

496. Mala suerte, buena suerte, quién sabe. Cuento chino.

Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus vecinos le 

consideraban afortunado porque tenía un caballo con el que 

podía arar su campo. Un día el caballo se escapó a las montañas. 


Al enterarse los vecinos acudieron a consolar al granjero por su 

pérdida. “Qué mala suerte”, le decían. El granjero les respondía: 

“Mala suerte, buena suerte, quién sabe”.



Unos días más tarde el caballo regresó trayendo consigo varios 

caballos salvajes. Los vecinos fueron a casa del granjero, esta vez 

a felicitarle por su buena suerte. “Buena suerte, mala suerte, 

quién sabe”, contestó el granjero.



El hijo del granjero intentó domar a uno de los caballos salvajes 

pero se cayó y se rompió una pierna. Otra vez, los vecinos se 

lamentaban de la mala suerte del granjero y otra vez el anciano 

granjero les contestó: “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”.



Días más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de 

reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del 

granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Los aldeanos, 

¡Cómo no!, comentaban la buena suerte del granjero y cómo no, 

el granjero les dijo: “Buena suerte, mala suerte, ¿Quién sabe?”.

495. Huellas en la arena.

Una noche tuve un sueño... soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.

Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.

Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.

Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor: 

"Señor, Tú me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tú me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba".


Entonces, Él, clavando en mí su mirada infinita me contestó: 

"Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".

494. El pescador.

Un banquero americano estaba en el muelle de un pueblito caribeño, cuando llegó un botecito con un solo pescador; dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño, el americano elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo le había tomado pescarlos.

El pescador respondió que sólo un rato.

El americano le preguntó que por qué no permanecía más tiempo y sacaba más pescado.

El pescador dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia..

El americano le preguntó qué hacía con el resto de su tiempo.

El pescador dijo: "Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora, voy todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco guitarra con mis amigos, por lo tanto tengo una vida agradable y ocupada."

El americano replicó: "Soy de Harvard y podría ayudarte; deberías gastar más tiempo en la pesca y, con los ingresos, comprar un bote más grande y, con los ingresos del bote más grande, podrías comprar varios botes; eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros.

En vez de vender el pescado a un intermediario, lo podrías hacer tú en forma directa a un procesador y eventualmente abrir tu propia procesadora.
Deberías controlar la producción el procesamiento y la distribución.
Deberías salir de este pueblo e irte a la Capital, donde manejarías tu empresa en expansión".

El pescador le preguntó: - "Pero cuánto tiempo tardaría todo eso.”

A lo cual respondió el americano: - "Entre 15 y 20 años".

- "Y luego ¿Qué?”, preguntó el pescador.

El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte. "Cuando llegue la hora deberías vender las acciones de tu empresa al público.
Te volverás rico... Tendrás millones!”.

"Millones ... y luego qué?"

"Luego te puedes retirar, te mudas a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, ir todas las noches al pueblo donde tomas vino y tocar guitarra con tus amigos".

Y el pescador respondió: "Y acaso eso no es lo que ya tengo?”.


493. Entrevista a Dios.

Con mi título de periodista recién obtenido, decidí realizar una gran entrevista, y mi deseo fue concedido, permitiéndoseme una reunión con Dios.

—Pasa, me dijo Dios. ¿Así que quieres entrevistarme?

—Bueno, le contesté, si tienes tiempo...
Se sonríe por entre la barba y dice:

—Mi tiempo se llama Eternidad y alcanza para todo; ¿Qué preguntas quieres hacerme?

—Ninguna nueva, ni difícil para Ti: ¿Qué es lo que más te sorprende de los hombres?

—Que se aburren de ser niños, apurados por crecer, y luego suspiran por regresar a ser niños. Que primero pierden la salud para tener dinero y enseguida pierden el dinero para recuperar la salud. 

Que por pensar ansiosamente en el futuro, descuidan su hora actual, con lo que no viven el presente ni el futuro. Que viven como si no fueran a morirse, y se mueren como si no hubieran vivido. 

Y pensar que Yo...

Con los ojos llenos de lágrimas y la voz entrecortada, dejó de hablar. Sus manos toman fuertemente las mías y seguimos en silencio. Después de un largo tiempo, y para cortar el clima, le dije:

—¿Me dejas hacerte otra pregunta?

No me respondió con palabras, sino sólo con la ternura de su mirada.

—Como Padre, ¿Qué es lo que le pedirías a tus hijos?

—Que aprendan que no pueden hacer que alguien los ame. Lo que sí pueden hacer es dejarse amar.

Que aprendan que lleva años construir una confianza y sólo segundos destruirla.

Que lo más valioso no es lo que tienen en sus vidas, sino a quién tienen sus vidas.

Que aprendan que no es bueno compararse con los demás, pues siempre habrá alguien mejor o peor que ellos.

Que rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita.

Que aprendan que deben controlar sus actitudes, o sus actitudes los controlarán.

Que bastan unos pocos segundos para construir heridas profundas en las personas que amamos, y que pueden tardar muchos años en ser
sanadas.

Que aprendan que perdonar se aprende practicando.

Que hay gente que los quiere mucho, pero que simplemente no sabe cómo demostrarlo.

Que aprendan que el dinero lo compra todo menos la felicidad.

Que a veces cuando están molestos tienen derecho a estarlo, pero eso no les da derecho a molestar a los que los rodean.

Que los grandes sueños no requieren de grandes alas, sino de un tren de aterrizaje para lograrlos.

Que los amigos de verdad son tan escasos, que quien ha encontrado uno, ha encontrado un verdadero tesoro.

Que no siempre es suficiente ser perdonado por otros; algunas veces deben perdonarse a sí mismos.

Que aprendan que son dueños de lo que callan y esclavos de lo que dicen.

Que de lo que siembran, cosechan. Si siembran chismes, cosecharán intrigas; si siembran amor, cosecharán felicidad.

Que aprendan que la verdadera felicidad no es lograr sus metas, sino aprender a ser feliz con lo que tienen.

Que a pesar de que piensen que no tienen nada más que dar, cuando un amigo llora con ellos, encuentra la fortaleza para vencer sus dolores.

Que retener a la fuerza a las personas que aman, las aleja más rápidamente de ellos; y el dejarlas ir, las deja para siempre a su lado.

Que aprendan que amar y querer no son sinónimos sino antónimos; el querer lo exige todo, el amar lo entrega todo.

Que nunca harán nada tan grande para que Dios los ame más, ni nada tan malo para que los ame menos. Simplemente los amo, a pesar de sus conductas.

Que aprendan que la distancia más lejos que pueden estar de Mí es la distancia de una simple oración...

Y así, en un encuentro profundo, continuamos en silencio.

 

07 julio, 2017

491. La esencia del ser.



Sabrás del dolor y de la pena
de estar con muchos, pero vacío.

 
 
Sabrás de la soledad de la noche y de la longitud de los días.

 
Sabrás de la espera sin paz
y de aguardar con miedo.

 
Sabrás de la soberbia de aquellos que detentan el poder y someten sin compasión.

   

Sabrás de la deserción de los tuyos y de la impotencia del adiós.

 
Sabrás que ya es tarde
y casi siempre imposible.

 
Sabrás que eres tú el que siempre da y sientes que pocas veces te toca recibir.

 
Sabrás que a menudo piensas distinto y tal vez no te entiendan. 











Juan XXIII, de nombre secular Angelo Giuseppe Roncalli, fue el papa número 261 de la Iglesia católica y soberano de la Ciudad del Vaticano entre 1958 y 1963. Wikipedia
Fallecimiento: 3 de junio de 1963.


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         Pero sabrás también:
         Que el dolor redime.
        
         
    
         Que la soledad cura.  
         
         Que la fe agranda.
         Que la esperanza 
          sostiene.
         
         Que la humildad 
          ennoblece.
        Que la perseverancia                templa.    

            
        Que el olvido mitiga.
        Que el perdón 
        fortalece. 
        
        Que el recuerdo
        acompaña.  
         
 
        Que la razón guía,
        Que el Amor 
        dignifica...
         
         
        Porque lo único que   verdaderamente vale es aquello que está dentro de ti, y por encima de todo está Dios, sólo tienes que descubrirlo y así hallarás la verdadera Paz.




Juan XXIII.