Y es que hay piedras
en las que uno tropieza
por el puro gusto de volar,
no de caer.
"Cielo para tus alas"
Nació en la ciudad de Guatemala el 3 de octubre de 1993.
Y es que hay piedras
en las que uno tropieza
por el puro gusto de volar,
no de caer.
Nació en la ciudad de Guatemala el 3 de octubre de 1993.
El mejor regalo que te puede hacer un pájaro
son sus alas,
sólo lo hará si no intentas cortárselas.
Ahí eres tú quien está decidiendo
si volará contigo
o volará sin ti.
Hermano:
Te buscaré detrás de las esquinas. Y no estarás.
Te buscaré en la nube de los pájaros, y no estarás.
Te buscaré en la mano de un mendigo, y no estarás.
Te buscaré también en la inicial dorada de un libro de oraciones, y no estarás.
Te buscaré en la noche de los gnomos, y no estarás.
Te buscaré en el aire de una caja de música, y no estarás.
Te buscaré en los ojos de los niños. Y allí estarás.
Estas son algunas
de las reglas de cortesía, que debemos observar con atención, para convivir en
total armonía con nuestros semejantes en el medio donde nos desenvolvemos y
vivimos, y son estas a saber:
1.- No se debe avergonzar, ni insultar deliberadamente a otra persona en
público, ni en privado.
2.- Al saludar, se debe sonreír, al hablar por teléfono también, la voz recoge
sola la sonrisa.
3.- Evite los estados de ánimo que nos hacen rudos ó excesivamente francos.
4.- Debemos repetir lo dicho, sin molestarnos, cuando alguien expresa que no ha
oído lo que decimos.
5.- No se debe insinuar cuestiones que molesten a los demás.
6.- Evite los temas controvertibles cuando asista a algún evento importante.
7.- Siempre hay gente fanática a las cuales no se le pueden hacer críticas
constructivas.
8.- Evite hablar de sí mismo, ante los demás.
9.- Siempre recuerde que los demás son los que deben mostrar nuestros méritos.
10.- Evite hablar del valor de sus posesiones, las demás personas no tienen que
saber esa información.
11.- También, es de mal gusto preguntar cuánto gana una persona.
12.- Recuerde que se hablan temas especiales y rebuscados con personas que
comprenden el tema.
13.- Con la gente sencilla se habla temas sencillos y comunes.
14.- No humille a su receptor con temas incomprensibles.
15.- No repita comentarios sobre situaciones o personas que parezcan
desagradables.
16.- Aléjese de las personas que utilizan a menudo un lenguaje de jerga, que
sólo ellos entienden.
17.- Para finalizar recuerde que debemos manejar con serenidad el buen sentido
de la cortesía.
"CONVERSAR ES UN DON, ESCUCHAR ES UNA VIRTUD"
Es hora de dejarte ir
de aceptar lo que fuimos
y agradecer por lo que somos
en cualquier cosa en la que
nos hayamos convertido
es hora de dejarte ir
yo te he querido
quizá corresponderme del todo
nunca fue pieza clave en tu estrategia
no me retiro vencido
sino sonriendo ante la oportunidad
de haber cruzado
tu frente y mis labios
tus manos y mis sueños
tu sonrisa y mis bromas
tu ternura y mi canción
es hora de dejarte ir
siempre supuse yo sería
lo mejor para ti
pero
¡Qué egoísta resulta pensar
que uno es el sueño de otro!
ya marchitos los suspensos
el alivio fresco sin recelo
merezco a alguien
que pueda entregarse sin temor
esa expectativa que tuve hacia ti
comió mis murallas
hasta derrumbarme las mañanas
es hora de dejarte ir
te quiero con la misma sinceridad
con la que Dios mandó esperanza
a los pueblos del mundo
y ojalá encuentres tu camino
siempre en dirección a tu felicidad
ya comprendí
que somos sumamente incompatibles
te quiero sin orgullo ni ataduras
sin dramas ni exigencias
con flores y tango
con historias y silencios
y hoy ausente de ánimos
por invocar lágrimas tras la ausencia
veo el reloj diciendo
es hora de dejarte ir.
Manuel Sánchez Briones, mejor conocido como Quetzal Noah. Nació en Monterrey, estudió la carrera de Relaciones Internacionales.
Decidí echarte de menos,
e intentar dejarte ir.
Lo intentaba hasta el punto que las
palabras se me atragantaban
formando un maldito nudo
en mi garganta.
Necesitaba gritar y soltarlo todo,
soltarte a ti.
Porque por mucho tiempo
que permaneciese en silencio…
seguiría pensándote.
Nos dejamos ir sin inmutarnos,
sin poner remedio,
mirando hacia el lado que dolía menos.
Una breve e indecente,
salvaje y vibrante,
adictiva y mimosa,
viva y finita,
pequeña historia de amor.
Cerrar los ojos
y respirar tan profundo
que no te quepa
ni un poquito
más
de aire.
Aguantarlo unos segundos
y desinflarte
sin poder evitar
una media sonrisa de tonta feliz.
Abrir los ojos para asegurarte
de que nadie te está viendo.
O sí, ¿Qué más da?
¿Y habrá gente que pueda vivir sin eso?
Nací en una isla (en 1978) y no sé nadar. He vivido en tres ciudades, nueve hogares y alguna casa. Me he enamorado una vez. He bajado corriendo de un tren en llamas y he visto explotar una bomba. No creo en las cosas que duran para siempre. O sí, no lo sé. Las fresas, con leche condensada. Cada cierto tiempo necesito cambiar cosas de sitio, ya sean muebles, personas o toda mi vida. Si no viajo, no puedo respirar. Tengo incontinencia sentiverbal. Me pierdo en cualquier atardecer, a ser posible con mar. Prequiero demasiado rápido y desquiero demasiado lento. No recuerdo la última vez que me dormí pronto. Mido el tiempo en medias cervezas y no hago planes a más de cerveza y media. Lloro en las manifestaciones cuando oigo a Labordeta. Te necesito cerca, pero no encima. Siempre voy con el más débil. No imagino un mundo sin queso, ni sin chocolate. Casi siempre es mejor dar que recibir, y no estoy hablando de sexo; no solo de sexo. La reina de mi casa es una gata coja que no para de ronronear. La empatía debería mover el mundo, no solo el mío.
Todo el mundo
debería inventarse su final perfecto.
No por lo de perfecto,
sino porque tener un final
nos lleva siempre a un principio.
Y la vida debería estar llena de principios
de esos que no hay que perder
y de esos que no hay que perderse.
Hay veces que hay que pararse a respirar.
Y mirar,
despacio.
Esto sí, aquí no,
esta persona por supuesto,
esta otra ni un momento.
Crear un puzle nuevo
con las piezas imprescindibles
y los huecos rellenables.
Todo el mundo debería inventarse su final.
Perfecto.
Si me vas a dejar, solamente te pido que lo hagas sin dudas.
Que explotes contra el asfalto todas mis esperanzas de una vuelta. Que no te guardes ni un pedazo de verdad que me sirva como rama para colgarme de ilusiones que solo hamaquen mi tristeza.
Déjame con ruido. A portazos y clausurando las ventanas de todos los edificios del mundo.
No me dejes ni una sola llave a mano que me tenga buscando por meses qué cajón abre.
Déjame con certeza. Con fuerza y con la seguridad de que todo futuro a mi lado está muerto de antemano.
Déjame con entereza y sin miedo. Sin temblar. Sin peros ni quizás arriba de la mesa.
Déjame sin preguntas. Vacíame de expectativas con respuestas. Te pido la verdad cruda y fiel acerca de tu sentimiento gastado, latiendo en un pecho que ya no es mío.
Si me vas a dejar, no me decores con música de fondo ni hagas poesía de letras ya sin vida.
Déjame como me merezco y ya está, por favor.
Libre de vos. Libre de nosotros. Libre de mí misma.
Si me vas a dejar, no me encierres en jaulas de posibilidades que no
existen. No me ates a las patas de la nada. No me unas con hilos de promesas que me pausen el camino.
Por favor te estoy pidiendo.
Si me vas a dejar, déjame libre.
Lorena
Pronsky es una autora argentina nacida en 1976. Se graduó en Psicología
en 2003 en la Universidad Católica de La Plata, su ciudad natal. Su
trayectoria profesional como psicóloga dio comienzo en un Centro
Hospitalario de La Plata, donde atendía a pacientes oncológicos.