Necesitamos
sin falta:
Un ejército y unido que crea
en el valor de las pequeñas cosas.
Gente que haga historia y no
se deje arrastrar por los hechos.
Corazones desarmados en un
mundo lleno de guerra.
Almas magnánimas, en una sociedad
interesada.
Espíritus fuertes, en un
siglo de mediocridad.
Más obreros y menos personas
que critiquen.
Más ciudadanos que digan:
“Intentaré hacer algo” y menos que afirmen: “es imposible”.
Un número mayor de personas
audaces que se lancen al fondo del problema para resolverlo y de un número
menor de fatalistas instalados en la omisión.
Más amigos que trabajen con
nosotros y menos demoledores que sólo notan los defectos.
Más gente alimentando
esperanzas y menos frustrados con toneladas de desaliento.
Más personalidades que
perseveran y menos colegas que comienzan y nunca acaban.
Rostros más sonrientes y
frentes menos fruncidas.
Compañeros pisando firme la
realidad y menos soñadores colgados de las nubes de la ilusión.
Necesitamos urgentemente, sin
falta:
Una floresta de manos
bienhechoras encendiendo un fósforo, haciendo callar el pesimismo de la
multitud.
¡Un fósforo en la mano,
pequeño, pero tan importante!
¡Pequeño, insignificante,
pero que ilumine
disipando la oscuridad!
El valor de las pequeñas cosas.
Roque Schneider. (4 de enero de 1933).