Rhododendron

Rhododendron
Tsutsuji

14 noviembre, 2020

761. Una vida solitaria. James Allan Francis, canadiense.

Nació en una remota aldea, hijo de una campesina. 

Creció en otro pueblo remoto, donde trabajó en un taller de carpintería hasta los treinta. 

Luego por tres años fue un predicador itinerante. 

Nunca tuvo familia, ni poseyó una casa. 

Nunca residió en una gran ciudad. 

Nunca viajó más allá de 400 kilómetros del lugar donde nació. 

Nunca escribió un libro o tuvo un despacho. 

No hizo ninguna de las cosas que normalmente acompañan la grandeza.

Mientras era todavía joven, la opinión popular se volvió contra él. Sus amigos lo desertaron. 

Fue entregado a sus enemigos y sufrió burlas en un juicio. 

Fue clavado en una cruz entre dos ladrones. 

Mientras moría, sus ejecutores se rifaron la única propiedad que tenía: su túnica. 

Cuando estaba muerto, fue bajado y puesto en una tumba prestada.


Transcurrieron XX siglos y hoy es la figura central para la mayoría de la raza humana. Ni todos los ejércitos que una vez marcharon, ni todas las flotas que navegaron, ni todos los parlamentos que se reunieron, ni todos los reyes que reinaron, puestos juntos, han afectado la vida del hombre sobre la faz de la tierra en la medida tan poderosa como esta “única vida solitaria”.

 


 

20 Mar 1864 Colchester County, Nova Scotia, Canada - 30 Jun 1928 Los Angeles County, California, USA.

 

Este ensayo fue parte de un sermón que, el Dr. James Allan Francis pronunció el 11 de julio 1926 a la Unión de Bautistas jóvenes en una convención de Los Ángeles y fue publicado ese mismo año en un libro titulado “El verdadero Jesús y Otros Sermones”.

 

12 noviembre, 2020

760. Tonelada de arroz.

Una mujer que deseaba vivamente encontrar la paz en medio de sus quehaceres domésticos de esposa y madre, acudió al sabio Yang Zhu y le rogó le instruyera lo más rápidamente posible para alcanzar la iluminación enseguida y poder volver a su hogar con el ánimo ecuánime, ya que tenía plena fe en que, una vez liberada su mente de la ilusión que es la vida, podría dedicarse plenamente a sus deberes sin que éstos turbaran en manera alguna su espíritu. 

Sabía que esto era así, y estaba dispuesta a hacer todo lo que se le dijera para llegar a la liberación interior en el breve tiempo de que disponía.

El sabio respondió: 

“Genuino es tu deseo, y ésa es la primera gran condición para alcanzar el fruto del espíritu. Pero también hace falta cierta instrucción y ciertas prácticas que puedo ir enseñándote poco a poco en ratos breves, según tengas tiempo para venir a verme. Junto con el gran deseo, la gran paciencia es también requisito indispensable para la iluminación. 

Me has dicho que tienes un hijo. En toda su vida tu hijo llegará a comerse una tonelada de arroz. Pero ¿Qué pasaría si le haces comerse todo ese arroz de una vez? No le haría bien, sino daño. Aprende a tener gran deseo y ninguna prisa. 

Vuelve aquí cuando lo desees.

10 noviembre, 2020

759. El fruto del agua.

Una mujer se acercó a la fuente: un pequeño y limpio espejo entre los árboles del bosque. 

Mientras sumergía el ánfora para sacar agua, descubrió en el agua un grueso fruto rosado, tan hermoso que parecía decir: 

“¡Tómame!”. 

Alargó el brazo para cogerlo, pero aquél desapareció, y apareció sólo cuando la mujer retiró la mano del agua. Así por dos o tres veces. Entonces la mujer se puso a sacar agua para agotar la fuente. 

Trabajó mucho, sin quitar la vista al fruto misterioso; pero cuando sacó toda el agua, se dio cuenta de que el fruto ya no estaba. 

Desilusionada por aquel encantamiento, estaba por marcharse, cuando oyó una voz entre los árboles (era un pájaro sabio): 

“¿Por qué buscas abajo? El fruto está allá arriba…”. 

La mujer levantó los ojos y, colgado a una rama sobre la fuente, descubrió el fruto, del cual había visto en el agua sólo el reflejo. 

 

¿No nos sucede un poco así a todos nosotros, cuando buscamos en tierra, o incluso en el pozo, aquel bien que está en lo alto?


08 noviembre, 2020

758. Gracias Dios por todo.

Había un pájaro que vivía en el desierto; muy enfermo, sin plumas, nada para comer, beber y sin refugio para vivir; maldiciendo su vida, día y noche.

Un día, un ángel estaba cruzando desde ese desierto, y el pájaro detuvo al ángel y preguntó: "¿A dónde vas?"

El ángel respondió: "Voy a encontrarme con Dios".

Así que el pájaro le pidió al ángel que por favor le preguntase a Dios cuándo terminaría su sufrimiento.

El ángel le dijo "¡Por supuesto! Lo haré" y el ángel se despidió del pájaro.

Al llegar al lugar de Dios le compartió el mensaje del pájaro. El ángel le contó su patética condición y preguntó cuándo terminaría su sufrimiento.

Dios respondió: "En las próximas siete vidas el pájaro tiene que sufrir así; ninguna felicidad hasta entonces".

El ángel le respondió que cuando el pájaro oyera esto, se desanimaría. Entonces le preguntó si podría sugerir alguna solución para esto.
Dios le respondió:

Dile que recite este mantra: "Gracias Dios por todo".

El ángel volvió a encontrar al pájaro y le entregó el mensaje de Dios.

 

Después de siete días, el ángel pasó de nuevo por el mismo camino y vió que el pájaro estaba tan feliz; las plumas habían crecido en su cuerpo, una pequeña planta creció en la zona desértica, un pequeño estanque de agua también estaba allí, el pájaro estaba cantando y bailando alegremente. El ángel estaba asombrado de cómo sucedió esto: "Dios dijo que por siete vidas, no habría felicidad para el pájaro"... Con esta pregunta en mente, fue a visitar a Dios.



El ángel preguntó y Dios respondió:

"Sí, estaba escrito que no habría felicidad para el pájaro por siete vidas, pero debido a que el pájaro estaba recitando el mantra "Gracias a Dios por todo" en cada situación. Cuando el pájaro cayó sobre la arena caliente, dijo:

"Gracias a Dios por todo"; cuando no podía volar, dijo:

"Gracias a Dios por todo", así que sea cual sea la situación, el pájaro siguió repitiendo:

"Gracias a Dios por todo" Y por lo tanto el karma de los siete tiempos de vida se disolvió en siete días".

757. El punto negro.

Cierto día, un profesor entró al salón y les dijo a los alumnos que les iba a poner una prueba-sorpresa. Todos los alumnos se pusieron muy nerviosos y empezaron a quejarse. Sin hacerles el menor caso, el profesor empezó a repartirles una hoja de examen con la parte frontal abajo, para que no vieran las preguntas. Cuando terminó de repartirlas, les pidió que dieran vuelta a la hoja y vieran su contenido. Para sorpresa de todos, era una hoja en blanco que tenía en el centro un punto negro.

 

Viendo la cara de sorpresa de todos sus alumnos, el profesor les dijo:

-Ahora, van a escribir una redacción sobre lo que están viendo.

 

Todos los jóvenes, confundidos, se pusieron a pensar y a escribir sobre lo que veían.

Terminado el tiempo, el profesor recogió las hojas, se sentó en su escritorio y empezó a leer las redacciones en voz alta. Todas, sin excepción, se referían al punto negro de diferentes maneras. Terminada la lectura, el profesor les dijo:

 

-Este examen no es para ponerles una nota, sino que les servirá de lección de vida.

Nadie habló de la hoja en blanco, todos centraron su atención en el punto negro. Lo mismo pasa en nuestras vidas: en ellas tenemos una hoja en blanco entera para ver y disfrutar, pero nos centramos en los puntos negros. La vida es un bello regalo que nos fue dado con cariño y con amor. Siempre tenemos motivos de sobra para celebrar, y agradecer, por nuestra familia, por los amigos que nos apoyan, por las oportunidades de estudio, por todo lo bueno que nos sucede diariamente y, sin embargo, insistimos en mirar siempre el punto negro.