Rhododendron

Rhododendron
Tsutsuji

12 enero, 2017

273. Aire, luz y tiempo y espacio. Charles Bukowski, estadounidense.



"Sabes, yo tenía una familia, un trabajo, 
algo siempre estaba en el medio;
pero ahora he vendido mi casa, 
he encontrado este lugar, un estudio amplio, 
deberías ver el espacio y la luz.

Por primera vez en mi vida voy a tener el lugar
y el tiempo para crear".

No, nene, si vas a crear
vas a crear trabajando
16 horas al día 
en una mina de carbón o
vas a crear en una habitación 
con tres chicos mientras estás
desocupado;
vas a crear aunque te falte 
parte de tu mente y de tu cuerpo,
vas a crear ciego, mutilado, loco,
vas a crear con un gato trepando 
por tu espalda mientras
la ciudad entera tiembla, 
con terremotos, bombardeos,
inundaciones y fuego.

Nene, aire y luz y tiempo y espacio
no tienen nada que ver con esto
y no crean nada excepto quizá 
una vida más larga para encontrar
nuevas excusas.

 
Henry Charles Bukowski, nacido como Heinrich Karl Bukowski (Andernach, Renania-Palatinado, Alemania; 16 de agosto de 1920 - Los Ángeles, California; 9 de marzo de 1994), fue un escritor y poeta estadounidense nacido en Alemania

08 enero, 2017

271. Frases (El odio).


El mal que hacemos no nos atrae tanta persecución y odio como nuestras buenas cualidades.

La Rochefoucauld.

Francisco VI, duque de La Rochefoucauld fue un escritor, aristócrata y militar francés, conocido, sobre todo, por sus Máximas.Wikipedia
Fecha de nacimiento: 15 de septiembre de 1613, Rue des Petits-Champs, París, Francia
Fecha de la muerte: 17 de marzo de 1680.




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El odio y el desprecio se excluyen mutuamente. En no pocos casos el odio a una persona tiene sus raíces únicamente en la estimación involuntaria de sus virtudes.

Schopenhauer.

 
 

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Es humano odiar a aquellos a quienes hemos hecho daño. Tácito.
 
Cornelio Tácito (en latín, Cornelius Tacitus; c. 55-c. 120) fue un historiador, senador, cónsul y gobernador del Imperio romano.


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 Al igual que la virtud más grande y que los perros más peligrosos, el odio más feroz es silencioso. Juan Pablo Richter.
 
Johann Paul Friedrich Richter, más conocido como Jean Paul (Wunsiedel, 21 de marzo de 1763Bayreuth, 14 de noviembre de 1825), fue un escritor alemán.

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Descripción: 

El odio es un sentimiento de profunda antipatía, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir a su objetivo.
El odio se puede basar en el miedo a su objetivo, ya sea justificado o no, o más allá de las consecuencias negativas de relacionarse con él.
El odio se describe con frecuencia como lo contrario del amor o la amistad. El odio puede generar aversión, sentimientos de destrucción, destrucción del equilibrio armónico y ocasionalmente autodestrucción.
Wikipedia.

06 enero, 2017

270. Dichoso aquel. Quinto Horacio Flaco, romano.

Dichoso aquel que alejado de los negocios,
como la antigua raza de los mortales,
cultiva su heredad con los bueyes,
alejado de toda usura.

No, soldado, es despertado por el terrible clarín
ni teme al mar bravío;
huye del foro y dolos soberbios umbrales
de los poderosos ciudadanos.

Ora con la crecida vid
une los altos álamos,
ora contempla desde lejos su rebaño de vacas
esparcidas por el retirado valle,
y podando con la hachuela las inútiles ramas
injerta otras mejores;
o guarda en limpias ánforas la exprimida miel,
o trasquila las tiernas ovejas.

Y cuando su cabeza coronada de sazonados frutos
el otoño muestra a los campos,
¡Cómo goza cogiendo la pera que ha injertado
y la uva que compite con la púrpura,
para ofrecértelas a ti, Príamo, y a ti, padre
Silvano, protector de las cercas!

Le gusta descansar a veces bajo una vieja encina,
o en un prado florido,
mientras las aguas resbalan por los cauces profundos;
las aves se lamentan en las selvas
y las fuentes, levantando un murmullo con sus aguas,
invitan a tranquilo sueño.

Pero cuando en la estación invernal Júpiter Tonante,
nos depara lluvias y nieves,
entonces, o acosa por todas partes con su jauría
al fiero jabalí, hacia las recias trampas,
o suspende en ligero alambre las transparentes redes
engaño del glotón tordo,
o con su lazo a la asustada liebre y a la grulla extranjera
coge, agradable botín.

¿Quién, con esto, no olvida los males
que el amor encierra?
Porque si una mujer honesta cuidara
de la casa y de los dulces hijos
como la sabina o la mujer de Apulia
quemada por el sol
pondría la leña seca al sacro fuego,
antes que viniera su marido cansado,
y encerrado en setos el alegre rebaño,
ordeñaría sus dilatadas ubres;
y sacando del dulce tonel vino del año,
manjares no comprados prepararía.

No me deleitarían más las ostras de Lucrina,
ni el rombo ni el mero,
si una tempestad de invierno arrojase alguno
a este mar desde Levante,
ni el ave africana ni el francolín de Jonia
me sabrían mejor al llegar a mi estómago,
que las aceitunas cogidas en las fértiles
ramas de los árboles
o la hierba de acedera, enamorada del prado,
o la malva saludable el enfermo,
o la oveja sacrificada en las fiestas Terminales,
o el cabrito arrancado al lobo.

Y mientras me gusta ver regresar
al redil las apacentadas ovejas
y los cansados bueyes, arrastrando con
su lánguido cuello el arado levantado,
y los esclavos, enjambre de casa acomodada,
colocados en torno al hogar refulgente.

Así que hubo hablado el usurero Alfio,
resuelto a ser labrador,
recogió todo su dinero el día de los Idus

y volvió a ponerlo a rédito el día de las Calendas. 

 
Quinto Horacio Flaco, fue el principal poeta lírico y satírico en lengua latina. Fue un poeta reflexivo, que expresa aquello que desea con una perfección casi absoluta. Wikipedia
Fecha de nacimiento8 de diciembre de 65 a. C., Venosa, Italia

Fecha de la muerte27 de noviembre de 8 a. C.

269. Al espejo.

Cuando obtengas lo que quieres en tu lucha por ganancias,

y el mundo te haga rey por un día...

Simplemente ve el espejo, mírate a ti mismo

y ve lo que la imagen tiene que decirte.

No se trata de tu padre, madre, esposa o esposo,

por cuyo juicio debes pasar.



El veredicto de quién más cuenta en tu vida,

es el de quien te está mirando en el espejo.



Él es a quien debes satisfacer más que a todos los demás,

ya que él estará contigo hasta el final.



Y tú habrás pasado tu examen más difícil

si el hombre del espejo es tu amigo.

Tú puedes ser aquel que tuvo suerte,

entonces piensa que eres alguien maravilloso.



Pero el hombre del espejo dice que sólo eres un fanfarrón

si no puedes mirarlo a los ojos.



Puedes burlarte de todo el mundo a lo largo de los años

y obtener palmadas en la espalda al pasar.

Pero tu premio final será ataques cardíacos

y lágrimas si has engañado a la imagen del espejo. 


268. Traer un hijo al mundo. D. L. Stewart.

Arrojo es traer un hijo al mundo,
alimentarlo, vestirlo y protegerlo,
preocuparse por él,
inculcarle disciplina, educarlo,
esmerarse en prepararlo lo posible
a enfrentarse a la vida que llevará...
y luego dejarlo vivir
su propia vida. 


  
Columnista de The Dayton Daily News. 

267. Silencio. Fulton J. Sheen, estadounidense.

Manuel Kant, el gran filósofo alemán del siglo XIX, al comenzar en su cátedra cada año pedía a sus alumnos silencio argüía que no era posible que hubiera mujeres en los cielos porque las sagradas escrituras dicen “Había allí silencio durante una media hora”. Kant no se mostraba ni justo ni galante puesto que en su clase había muchas mujeres, y la mayor parte de ellas sacaba las calificaciones más altas sobrepasando a los hombres, pero nos imaginamos que decía aquello como uno de tantos chistes que se han dicho sobre la charlatanería de la mujer, lo que como la mayor parte de los chistes no pasa de ser un desahogo o un empeño de superioridad muy discutido.

En fin, Kant pudo decir aquello por una u otra causa, ofendiendo a las mujeres, pero nosotros que no estamos de acuerdo con él, nos referimos al abuso que en la vida moderna se hace de ese don divino que se llama la palabra.

La juventud suele ahora hablar antes de que haya aprendido a escuchar y la gente madura acostumbra a comentar de política y asuntos económicos antes de estudiar y de pensar en un problema. Vivimos en un mundo de acción y no tenemos tiempo que perder, por eso optamos por hablar, hablar, hablar, aunque no entendamos esencialmente una cosa, en nuestro mundo abundan la úlceras de estómago, y esta úlcera están en proporción directa con el número de llaves que se llevan en el llavero y con el número de teléfonos que se tienen sobre la mesa. Se da excesiva importancia a la acción, a moverse, a hablar, hablar, hablar. Conocí a un señor que se absorbía tanto en las conversaciones que al ir de paseo llevaba consigo un despertador de bolsillo, cuando el despertador sonaba se daba media vuelta y regresaba a su casa, decía que sólo así estaba a tiempo para la cena. Existe además una especie de conspiración contra el silencio y el recogimiento, las paredes de muchas casas son tan delgadas que si los vecinos se lo propusieran, creo que algunos sí se lo proponen, oirían las discusiones a través de ellas. Se tienen todas las horas del día y parte de las de la noche llenas de citas y ocupaciones, imposible que quede tiempo para estar un rato a solas consigo mismo, cuando apenas se acaban las citas, ya se tiene que ir a un concierto, al teatro, al cine o se desea ver algo en la televisión que también llena las habitaciones de ruido y de voces, se presta tanta atención a la labor y a la actividad que nuestro pobre sistema nervioso tiene un arduo trabajo durante el sueño.

Nuestro mundo vertiginoso está lleno de tranvías, de camiones, de autos, de motocicletas, de carros anunciadores que llenan la calle, que se sitúan frente a las casas y su ruido ocupa el aire por completo.

En los vehículos van varias personas con radios portátiles, escuchando cada una una estación diferente, lo que provoca una algarabía que nadie entiende pero que todos sufrimos. La vecina de abajo, la de arriba, la de un lado y la del otro cocinan y barren oyendo música, y comedias radiofónicas o de televisión y no conciben cómo sus abuelas pudieron vivir sin esas distracciones mientras hacían trabajos rutinarios y molestos.

La máquina lavadora con motor ha sustituido el lento correr del agua en el lavadero; y la licuadora obliga a la señora que cocina a platicar a gritos con la persona que está con ella.

Ya no gustan, claro está, ya no gustan las películas mudas, y la gente se ríe si por casualidad se ve alguna así.

La música estridente ha tomado el lugar de la suave; y los bailes epilépticos a los valses. Todo el mundo sale al fin de semana, que antes se usaba para descansar de las fatigas de los días laborales, y no se fija nadie que en esos cortos viajes sigue la actividad exagerada de las mañanas y de las tardes anteriores. La señora prepara el lunch, el señor tiene que llevar el auto para que lo revisen; los jóvenes se ponen de acuerdo con sus amigos para reunirse en tal o cual parte para bailar o para beber una copa o para conversar. Y no digo si en el fin de semana lo único que ha sucedido es que el señor maneje todo el día y acabe de un humor negro y con los riñones hechos polvo y la señora vuelva enfurecida porque el lunch no alcanzó o a nadie le gustó. Y los jóvenes acaben con un disgusto con los amigos. El fin de semana así, se considerará normal, pero si el auto sufre una avería o si un chico se cae a un barranco o se sube a un árbol y se abre la cabeza al bajar, digo al bajar de cabeza. O si la señora no se fijó al guardar la comida en la cesta y el café se salió de la botella y echó a perder todo… delicioso fin de semana. Sin embargo no evita que a la semana siguiente se piense de nuevo en el próximo viaje de fin de semana. Y es que nadie se preocupa ya por su vida interior, sino que todos viven hacia el exterior. Nos ocupan asuntos interesantes, pero todos los tratamos con la misma ligereza. Sin saber nada de la bomba atómica por ejemplo o de otras último modelo, comentamos como si fuéramos uno de los científicos que las ha inventado. Hablamos de psicología, de pedagogía…todo, quizá hayamos comprado libros que traten de esos temas, pero no hemos tenido tiempo de leerlos.

Si hacemos un viaje relámpago por una ciudad extranjera, volvemos hablando de su política, de sus costumbres, de sus teatros, de sus comidas, de sus bebidas, hasta decimos algunas palabras en el idioma de aquella ciudad. Nuestra inteligencia, también influenciada por el vértigo moderno, es algo así tan sorprendente que asimila lo que los cerebros de hace cien años no asimilarían en un siglo.

Naturalmente necesitamos de un conductor, de un colaborador para gastar la energía, y sin perder mucho tiempo ocuparnos de todas las pequeñeces de la vida diaria, y nada hemos encontrado mejor que la palabra, ese don que usado convenientemente es tan hermoso y que cuando se abusa de él es abominable. Criticamos a las comadres, esas mujeres que pierden el tiempo cuando van a hacer su compra al mercado o a la tienda y se tropiezan con la vecina o con la amiga. Antes era uno de los tipos característicos para definir a la chismosa. Y quizá Kant, del que hablé al principio, se inspiró en ella para decir su primera frase al empezar su cátedra cada año. Pero ahora, ya que puede sorprendernos la charla de dos chismosas, si todo se resuelve lo mismo entre mujeres que entre hombres en una plática mientras se bebe, se come y se fuma. Ahora el tipo que parece ya de museo es el del estudioso, el del que prefiere la soledad y el silencio, el del que gusta de meditar, leer y aprender, a este se le llama hoy: misántropo, medio loco, maniático y no falta quien le aconseje que vaya a ver al psiquiatra.

Las reservas morales parecen haberse agotado, en los siglos anteriores había individuos que eran débiles mentales y malos incluso, pero como la sociedad era vigorosa no podían aquellos hacerle ningún daño y los hombres no estaban tan expuestos al fracaso ya que el ambiente era estable porque cada uno era fuerte por sí mismo, por su instrucción, por su inteligencia cultivada, por el deseo constante de mejorar, y el respeto hacia los demás.



Pero las guerras han cambiado las mentalidades y los ambientes, debilitándolos, imponiendo la actividad, y el miedo en cada persona.



 
Fulton John Sheen (8 de mayo de 18959 de diciembre de 1979) fue un arzobispo estadounidense.
Trabajó en la televisión como presentador del programa Life Is Worth Living (La vida vale la pena vivirla) a comienzos de la década de 1950.