Rhododendron

Rhododendron
Tsutsuji

16 diciembre, 2016

238. Dije lo que he vivido. Luis Cardoza y Aragón, guatemalteco.

No amamos nuestra tierra por grande y poderosa, por débil y pequeña, por sus nieves y noches blancas o su diluvio solar. La amamos, simplemente, porque es la nuestra. 

En su territorio hay una región que es la región de nuestra infancia. Y en tal región, una ciudad o un pueblecillo. En el pueblecillo, una casa. En la casa, cuatro paredes viejas y manchadas, con muebles rústicos hechos por el carpintero de la familia, con árboles que nos dolió verlos abatir. En medio de la casa, una fuente de la cual nunca dejaremos de escuchar el canto.
Todo se va replegando hasta llegar de la caja más grande a la más pequeña, del mundo a las cuatro paredes de la infancia, hasta la cuna y el ataúd. La tierra que caerá sobre esas cuatro tablas, cuando estemos de vuelta a geranios y quiebracejetes y nos empinemos en los árboles, es la tierra más dulce que existe. La niñez va corriendo como un arroyo que canta. Remontamos la corriente hasta el manantial. Hasta el amor de nuestros padres. No amamos nuestra tierra por hermosa, por alegre o triste. Por su leyenda o su primitiva felicidad sin historia. La amamos porque es la nuestra. Quiero, quisiera que vieras con ojos de mi niñez, con ojos de tu niñez. Con ojos de la niñez del mundo. Nuestro amor es bello sólo tal otro amor gemelo.
Anima la quietud de estas páginas, fuego oscuro amasado en el hondón de las entrañas. Huracán sopla para siempre mi brasa y su tibieza de rescoldo se perpetúa. El corazón de lava aún caliente sonríe su noche elemental, donde todavía sueña Kukulkán, desde el ídolo primigenio hasta las muñequitas multicolores de Mixco y las tinajas de Chinautla. Estamos en Guatemala, verde colibrí reluciente. La caja grande y dentro una más pequeña y otra. Otra y otra, hasta llegar a mi pueblo, Antigua Guatemala. Y otra más pequeña, y otra y otra, hasta la casa y mi cuarto de niño. Pongo a mi tierra sobre mis rodillas, en la palma de mi mano. Desde muy alto los ojos podrían abarcar sus límites, contemplarla, como esos pisapapeles de cristal que tienen en el centro un ramo de florecillas dormidas. No es el caso de contemplar lo que no existe. Ni de sólo admirar lo que está allí. Soy vidente, ahora pisamos tierra firme y amo la realidad. 

Los arqueólogos se sumergen en la prehistoria o en la historia, exploran las entrañas de la tierra para encontrar una vasija, un hueso, un vestigio milenario, y no ven nada del mundo de los mercados, de los pueblos, de los sufrimientos que padecen los indios vivos. No sólo los arqueólogos, también los poetas, pintores, músicos, novelistas, se encandilan con el "exotismo" de donde han nacido y se ciegan para toda apreciación objetiva. 

Hay guatemaltecos que nos ven como los extranjeros y crean una exportable imagen colorida, igual a una vitrina de indios, tan pintoresca que casi justifica las intervenciones. Muchos de ellos ni siquiera adoptan una actitud como la del padre Las Casas, hace 400 años: se han evadido, desertado o detenido en deformaciones sentimentales, artísticas, de los indios remotos, a veces humanitarias, es cierto, pero sin conciencia sociopolítica. Casi sin excepciones, entre los arqueólogos, escritores, investigadores históricos, artistas, traductores de los libros aborígenes, no hay en Guatemala sino dos o tres que a tal vocación hayan unido, en los últimos cien años, consecuente conducta política.
Hace tiempo, mucho tiempo, había deseado escribir estas páginas. De golpe, se me vinieron mil cosas encima: mi recuerdo tartamudeó en alud amoroso. No me proponía cumplir una misión o pagar una deuda. Todo es más humilde en el fondo, vital e inevitable. Lo de misión o deuda sería pura pedantería. Deseé dar una sensación de Guatemala, de mi Guatemala. Deseé mostrar algo de su vida interior, inocente y sombría. Deseé que luzca, como todos los días, rebozo de colores y trenzas con tocoyales, dibujándola sin que ella lo advierta. Un retrato, con sus grandes aristas solamente. Abocetada con libertad, aprehendida en tres o cuatro rasgos privativos y recónditos, en los cuales está como la siento en mí, silvestre, augusta y enmarañada. Su fervor recogido en estrofas de su crecimiento: monólogos de humo y pirámides de sueño y canto.
La veo mestiza en su pensar, con barro antiguo del Popol Vuh y musgos de Landívar en un mismo pulso urgente. Indígena en la entraña, donde el corazón resuena entre mantos azules, igual al tun en los pueblecillos cuando celebran la fiesta. Sencilla y segura, camina ataviada como pájaro o reina en la miseria, un niño a la espalda, en harapos sus ropas aborígenes y fatigada la greda categórica del rostro bajo el peso que carga sobre la frente, corona rural de frutos y de flores. Va descalza, rompiéndose los pies por los caminos, la tinaja sobre el hombro, igual a la dulce Ixquic. La belleza del cuerpo radica en lo más profundo de la materia: en la conformación y armonía del esqueleto, imagen de la muerte. Sus rasgos resurgen para mí de la viva y mineral estructura escondida, remontando hasta la piel de obsidiana al sol.
He deseado ofrecerle un testimonio de poesía: exacto de verdad práctica. Un libro de síntesis, de visión general, veloz e inesperado. Placa radiográfica y fotografía aérea al mismo tiempo. Hago una incursión en el ayer, vivo en mi recuerdo, hasta convertirlo en creación, sin celo alguno de desdoro o no sentido encumbramiento. Recojo y subrayo lo que juzgo capital para descubrir y fortalecer la filigrana del origen de nuestro sentimiento de nacionalidad. Amor de la realidad: he pesado a Guatemala sobre las alas de las mariposas, auxiliado siempre por experiencia, cifras y emoción. Sin embargo, me siento ante ella como un árbol podado soñando con las flores de sus ramas. Desterrado en mi patria, sin salir de ella, libérrimo, feliz y amante, reencontrada en la realidad y en mis sueños, me tiendo bocarriba, más allá de mi muerte y de la muerte, sumergido en su sentimiento y en su pensamiento. Y desde el Popol Vuh tomo las ruedas dentadas que crearon la noria de la sangre. 

En su impulso nutren su ímpetu, a veces aun por inercia, muchas otras ruedecillas que de alguna suerte nos sirven asimismo para marcar la hora, para saber quiénes somos y saber adónde vamos. Y me atropello de nostalgia y descubro el cielo de todos los hombres, libre aquí en mi cárcel sin techo, y cuento y reconozco las estrellas, las palpo húmedas sobre mi rostro, descarnado ya, camino del cuarzo, entre la hierba y la tierra, que cegaron mis ojos de color y me llenaron la boca de polen y canciones. 

Ahora recuerdo el origen de estas páginas que son sollozo, alarido y canto. No sólo hay que vivir lo que se escribe sino hay que sufrirlo. Necesidad absoluta de una patria, de mi tierra mía y su imprescindibilidad de función ecuménica. Ansia de clarificación, de forma, para que nuestro metal dé su sonido: estaba yo sentado en lo más alto del Castillo de Chichén Itzá la tarde que llegué por vez primera. Entonces, hace muchos años, sentí, como grano de mostaza, alga de lo que he escrito. Empezaba a germinar en mí. Era yo mismo la semilla. Una semillita sola, pero ya pude palpar raíces milenarias. Sobre las ruinas, el crepúsculo del trópico untaba lumbre atormentada y musgos de oro. El chaparral, asaeteado por faisanes y venados, perdíase en el horizonte hasta el mar.
Chichén Itzá, nenúfar de espuma, se abría sobre la verde marea sin fin. Bajo los cimientos, capullo de geología, cielo y siglos, cantaban las arterias que miran por los cenotes. El rumor subterráneo aunábase con la música planetaria del espacio infinito, los acordeones de la selva y el masticar de las hormigas. Con las primeras sombras -sol postrero y luna que retoña-, día casi noche ya, la eterna noche de antes, la mariposa de obsidiana, como si procediera del Lugar de la Abundancia y no de Xilbalbá, incendió de vuelo sus alas de vitrales: Chichén Itzá se puebla, vive y se anima como en los años de esplendor y gloria. Y son también lámparas vivas Tikal, Uaxactún, Palenque, Quiriguá, Copán, Yaxilán, Bonampak y enjambre de ciudades ocultas, escamoteadas entre los dedos de los grandes árboles. Los sacerdotes marcan sobre piel de venado las huellas de Venus que perpetuamente está naciendo. Como abejas embarradas de miel desfilan las doncellas, doradas de ajorcas y bezotes, verdes de turquesas y jades, rojas de caracoles y pasión. Todas juntas semejan quetzal gigante, lento meteorito de plumas. El adivino consulta los menudos pórfidos bermejos del árbol del pito, pesado el corazón de estelas y alígero de colibrí. La luna de Chichén Itzá pone algo que tal vez sea asunción o nacimiento, o sólo nácar mágico. En el juego de la pelota, figuras elásticas y oscuras enloquecen tras el copo que, cual un tapacaminos, rebota en el muro, luego cae y ni toca el pavimento y se alza, ubicuo y simultáneo.
Los abuelos, dos aguiluchos tallados en creciente lunar, con más memoria que los relieves del templo ahíto de centurias, acezando de ámbito y piedra. El sol se fue creciendo y el chiquirín clavaba la lumbre con sus tres golpes estivales: chi... qui... rin. .. chi... qui... rin... Los abuelos, ateridos de filial milagro, hundidos los pies en las raíces de los chicozapotes y en el salitre de los murales, al morderse los labios sintieron el saber de la tierra caliza. Germinaron tomando agua ciega de los zihuanes, rompiendo la tierra con una llamita verde hasta el venado sagitario, hasta ser hombres de maíz. Los dioses telúricos, caracoles del mar de la infancia, nos contaron fábulas y nos alzaron más que a los santos desvencijados de los pórticos en las viejas iglesias coloniales. Infancia de mi tierra -¡Mi tierra y mi infancia!-, huipil hilado por ellos con la misma alegría de los pájaros tejiendo lo azul. De la mano de Hunapuh, joven abuelo, acompañé a los cakchiqueles para robar el fuego. A los quichés, para comprobar con la plomada los muros de Gumarcaah. Como en los códices, mis huellas fueron quedando en esta peregrinación al mito, a Tikal y Quiriguá, al Palacio de los Capitanes Generales, a las calles de la Nueva Guatemala, en el Valle de la Ermita. Estuve en cada etapa del camino sin fin como viajero de buena voluntad al servicio de su pueblo, que luego evoca mal lo mucho que vió y por ello su recuerdo se reduce a sencillo testimonio. Como un mural, concebí estos apuntes para dar una imagen de Guatemala que tuviera algo de su color, de su condición primitiva, de su pasión germinal y de su vida asentada sobre tan diversos y contrastados niveles económicos que el presente sigue explicándose por el mito o por la historia. 
Algunas de mis memorias más tiernas o acongojadas, para crear el ambiente, se entrecruzan con estadísticas. Un retrato de cuerpo entero, como esos anónimos del siglo XIX, con el detalle en que se distingue amor ingenuo. Así anhelé que crecieran estas páginas, organizándose biológicamente, a medida que avanzaban. He tomado sus medidas como para hacerle un traje. Sus sueños como para hacerle un canto. Me ceñí a su realidad lo más que me fue posible. Y quien juzgue que mi palabra parece asirse del sueño, es porque jamás ha conocido la vida tétrica, dolorosa y fantástica de mi pueblo. 

Nunca traté irrealmente ninguna de sus imágenes: habría perdido la riqueza de la realidad para caer en innecesaria metamorfosis barroca, como si la realidad material, que nos satura y golpea los sentidos, careciera de inacabables posibilidades. Precisar el dibujo, ceñir la verdad mágica, me obligó a mantenerme en la tierra firme de la cual nunca deseé salir: no se acierta a salvar la vaguedad ni con los malabarismos más peregrinos de la expresión. 

Empecé por la creación del hombre guatemalteco en el mito y fui caminando en el tiempo en varias direcciones, para llegar a nuestro ahora. No es una síntesis económica, política y social la que esbozo en algunas de estas páginas. Sino un esquema de síntesis del sentido y del carácter del proceso histórico: converso con los hombres de los monolitos y los códices, con los dioses, los héroes y los hombres de los libros indígenas; recuerdo y voy domeñando mi entusiasmo cuando mi memoria se quiere salir de madre. Y no evoco como historiador o como erudito, porque no lo soy, sino como un hombre simple que dice lo que ha vivido. Y cuanto más severo y exacto es mi recuerdo; cuanto más tranquila es la palabra que traduce el gozo o la angustia de mis sentidos y la añoranza de mi sangre; cuanto más se enraíza mi voz en la realidad, tanto más se crea y sufre con lágrimas guatemaltecas que sólo mis ojos pueden llorar. Y, entonces, mejor y más verdadero está mi pensamiento, y más limpia la emoción mía y la engendrada en quien me lea, por distante que su mundo esté del mío. 

Guatemala, tierra edénica y elemental, con un pasado singular y una evolución dramática, cruenta y oscura, poco unánime por sus tremendos desniveles culturales, avanza dando tumbos, lúcida y firme. He querido dar el ambiente, sin preocupación contemplativa, interpretando con técnica de análisis su realidad varia, móvil y remota, regido por mi conciencia poética y social. Me cautiva no sólo la acción sino también la contemplación, cuando el matiz y la sutileza son característicos. Escojo y muestro elementos contrarios, hechos de opulencia y rigor, de preocupaciones teológicas y su origen por condiciones económicas, el mundo fabuloso del acontecer cósmico del Popol Vuh, la realidad delirante del aborigen de Chichicastenango y la vida mínima y marginal del "cucurucho" y el albor de la voz de mañana.
Mi tierra no es una tierra exótica. Es una tierra matinal cuyo hechizo más hondo radica en las creaciones y expresiones históricas populares, más allá de cualquier devoción pintoresca. El color, aquí, es inevitable, y sólo cuando es inevitable por ser de tan buen tinte que no se destiñe ni con el sol y mis ácidos, ha permanecido indeleble más allá del afán descriptivo y localista. Y aunque se juzgue paradójico, por su misma verdad de bulto, lo popular no es popular ni nacional, propiamente, y no puede serlo porque no somos una comunidad económica, política y social unificada. Lo que tenemos por popular son obras espontáneas del genio popular de indígenas oprimidos y explotados, creándolas y repitiéndolas para sí mismos o para reducido público turista o nacional, extraño al sentimiento, condiciones, necesidades y gustos de quienes las crean.
Nuestras diferencias son tan brutales que van de sistemas de producción y consumo neolítico, de "economía cerrada", feudal y semifeudal hasta capitalista, como lo vemos en Chichicastenango y en los mercados de cualquier ciudad del país. No exclamo: ¡Abajo la pandereta! porque no la tenemos, sino ¡Abajo la jícara! No me he demorado en reflexiones vagas, subjetivas. Sino en lo más concreto y profundo. En las creaciones auténticas y esenciales. Nada más fantástico que la realidad. Y por encima de lo que atine a urdir mi imaginación y para dar realidad a esa conciencia y conciencia a tal realidad, he ido a las fuentes seculares. A mi infancia y a mis cicatrices.
He aquí algo de mi pueblo, de su rica tradición -lo que fue, lo que es, lo que será-, invariable en su diversidad, sufriendo aluviones, lavado por torrentadas, arrasado como para borrarlo del mapa con la tromba de la Conquista. Hay unidad a través de sus avatares, aun cuando parece irreconocible en muchos de ellos, que son contradictorios. Siempre las mismas hojitas brotaron del grano de maíz en el surco. La lealtad de esta permanencia la he seguido desde hoy y mañana hasta entrar en el palacio por el arco de Labná, retroceder en el tiempo y sumergirme en las fauces de un dios zoomorfo y nadar en las aguas eléctricas del mito.
Haber vivido lejos cerca de un cuarto de siglo sin interrupción me permitió penetrar con ojos frescos en muchas de nuestras cosas, apoyado en el recuerdo, en el instinto y en la tierra guatemalteca que me llevé en la suela de los zapatos. La intensidad del retorno, en mis condiciones, no creo que la haya tenido alguien. Mi pueblo despertaba, rompía sus cadenas y por dondequiera creaba un clima de himno su fervor. He sido un hombre metido en mi vocación, y mi vocación misma también me ha ligado más a mi pueblo que resuena en mí desde mi infancia, a flor de alma, sollozándome recuerdos. Y no siempre he necesitado comprenderlo porque me ha bastado con amarlo. Y digo mis condiciones para decir que llevaba muchos años fuera de mi tierra y que su recuerdo en mi entraña vivía, ni más ni menos, como me imagino que vive en todos, o viviría en aquellos que tuvieren la felicidad indecible de ese retorno. 

Aquí está algo de mi niñez y de la transposición de mi nostalgia: rasgos de la imagen de cómo yo desearía que fuera mi tierra. Están las nubes, los olores, las piedras, los sueños, las luchas, los pájaros, las esperanzas, los sabores, las congojas, los ruidos guatemaltecos. Y una realidad seca y ardiente que he podido captar, porque al reencontrarla, al redescubrirla, me ha golpeado al volver a vivirla. La esclavitud indígena ha disuelto su amargura, su resentimiento y su dolor, en todos los seres y en todas las cosas. Se halla en el aire y en el fuego, en el agua y en la tierra. En la palabra y en el silencio. En la fiesta y en el funeral. Por todas partes está pesadamente, como ubicuo fantasma de piedra. Mis compatriotas, sin la lente de tal experiencia, acaso juzgarán inexactas o exageradas algunas de mis impresiones. El ambiente, para ellos ininterrumpido y consuetudinario, no les muestra los mismos tenebrosos o vibrantes relieves y matices. Están, en cierto modo, invalidados para advertir algunos pormenores y para asirlos con la precisión virgen que sin proponérmelo, incluso por las violentas agitaciones sociales, forzosamente, me ha deparado la realidad en los diez años últimos. No señalo virtud personal alguna sino, simple y sencillamente, una circunstancia, un hecho.

Tallé las cuentas poco a poco, desde el mito hasta la reforma agraria. Como la araña, forjé el hilo de mí para ordenarlas en collar. Si resultó el collar, anhelo que sea como ésos de macacos, cristales y piedrecitas de colores que adornan a las indias: un chachal para el cuello de mi amada Antigua.  

 
Luis Cardoza y Aragón (21 de junio de 1901 - 4 de septiembre de 1992) fue un poetaensayista y diplomático guatemalteco.

237. Canciones a la patria. Álvaro Aguilar, guatemalteco.

Una canción forma parte de la construcción de la imagen de patria. Permite que la gente se identifique con su terruño, que lo ame, porque una persona que ama a su patria no le va a robar, ni la va a traicionar. Nos da un sentido de pertenencia 

 
Alvaro Rodrigo Aguilar. 

236. ¿Quieres que tu patria sea grande?

¿Quieres que tu patria sea grande?, entonces, engrandécete tú mismo. Comienza por engrandecer tu aspiración, tu voluntad, y después tu carácter. Ya con esos factores procura acrecentar tu hacienda, tus virtudes y tus conocimientos.

Si esto no lo haces, tu patria no será grande, si cada uno procura su mejoramiento propio hasta construir una mayoría, entonces la patria será grande y más potente.

¿De qué sirven las riquezas naturales de un pueblo si ellas permanecen dormidas?, ¿de qué sirve tener capacidad e inteligencia si no las explotas en tus estudios?, ¿De qué sirven estos tesoros fabulosos, si se tiene una población inculta, indolente, desarrapada y mal oliente?

Piensa y verás que tu patria será más grande todavía cuando se exploten todas sus riquezas, cuando cada uno se base a sí mismo.

Y esa metamorfosis no esperes que se realice en el futuro; no, iníciala tú mismo en la escuela, en tu hogar, en tus costumbres, en todas tus actividades.

Si esperas que el tiempo las realice, estás en un error; el tiempo es indefinido y algo que por sí solo no hace nada; todo radica en nosotros mismos, todo es consecuencia de nuestro esfuerzo, de nuestra dedicación y de nuestro querer.

¿Quieres que tu patria sea grande?

Comienza entonces a luchar por tu propio engrandecimiento.

1) VELASCO, Adolfo, ¿Quieres que tu Patria sea Grande?, GOBIERNO DEL ESTADO DE NUEVO LEÓN, Los Símbolos de la Patria, Ed. SEP, México 1969, Pág. 156

11 diciembre, 2016

235. El Discurso de Gettysburg. Abraham Lincoln, estadounidense.

«Hace ocho décadas y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación; concebida en libertad y consagrada al principio de que todos los hombres son creados iguales.
Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esa nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a dedicar una porción de ese campo como lugar de descanso final de los que aquí dieron sus vidas para que esa nación pudiera vivir. Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa.
Pero en un sentido más amplio, no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este suelo. Los hombres valientes, vivos y muertos, que lucharon aquí ya lo han consagrado muy por encima de lo que nuestras pobres facultades puedan añadir o restar. El mundo apenas advertirá, y no recordará por mucho tiempo lo que aquí digamos; pero nunca podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí. Nos corresponde antes bien a nosotros, los vivos, consagrarnos a la inconclusa empresa que los que aquí lucharon hicieron avanzar tanto y tan noblemente. Somos más bien nosotros los que debemos consagrarnos aquí a la gran tarea que aún nos queda por delante: que de estos muertos a los que honramos tomemos una devoción incrementada a la causa por la que ellos dieron la última medida colmada de celo. Que resolvamos aquí firmemente que estos muertos no habrán dado su vida en vano. Que esta nación, bajo Dios, renazca en libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, jamás perezca sobre la Tierra.» 

El Discurso de Gettysburg es el más famoso discurso del presidente Abraham Lincoln. Fue pronunciado en la Dedicatoria del Cementerio Nacional de los Soldados en la ciudad de Gettysburg (Pensilvania) el 19 de noviembrede 1863, cuatro meses y medio después de la Batalla de Gettysburg durante la Guerra Civil Estadounidense.  



Abraham Lincoln (HodgenvilleKentucky12 de febrero de 1809 - Washington D. C.15 de abril de 1865) fue un político estadounidense, decimosexto presidente de los Estados Unidos.

234. Razones para enamorarse ;) : Por lo que ofrece y también da con agrado (2).

Translator
Translator
Carlos Alberto Haeussler Uribio . 1924 – viernes 8 de abril 2016
Diseñó, junto a Jorge Montes, Roberto Aycinena, Pelayo Llarena y Raúl Minondo, el Centro Cívico. Además, junto a los dos primeros, proyectó el campus de la Ciudad Universitaria, zona 12.
Para dar vida a este complejo Haeussler unió su talento al de otros genios de la urbanística y de la plástica nacional, como Jorge Montes, Raúl Minondo, Roberto Aycinena, Carlos Mérida, Roberto González Goyri, Efraín Recinos, Guillermo Grajeda Mena y Dagoberto Vásquez.
 

Carlos Mérida (Quetzaltenango, Guatemala, 2 de diciembre de 1891 - 21 de diciembre de 1984) fue un pintor y escultor guatemalteco


Ismael Cerna (3 de julio de 1856 - 1901) fue un poeta guatemalteco nacido en la hacienda «El Paxte», en las faldas del volcán Ipala, en el departamento de Chiquimula.

 

 

Humberto Porta Mencos (Chiquimula, 14 de julio de 1901 – Ciudad de Guatemala, 16 de marzo de 1968) fue un poeta, periodista y escritor guatemalteco.
 

 
Enrique Gómez Tible, mejor conocido como Enrique Gómez Carrillo (ciudad de Guatemala, 27 de febrerode 1873 - París, 29 de noviembre de 1927), fue un crítico literario, escritor, periodista y diplomático guatemalteco. 

 

Humberto Ak'abal nació en Momostenango, Guatemala en 1952. Poeta guatemalteco de la etnia Maya K'iche. Piensa y escribe sus poemas en idioma K'iché y se autotraduce al español. En la actualidad es uno de los poetas guatemaltecos más conocidos en Europa y Sudamérica. Sus obras han sido traducidas al francésinglésalemánitaliano, portugués, hebreo, árabe, escocés, húngaro y estonio. 




Doroteo Guamuche Flores (MixcoGuatemala11 de febrero de1922 - ibídem11 de agosto de 2011) fue un deportista guatemalteco, ganador del Maratón de Boston en 1952. 
 

Teodoro Palacios Flores Nació el 7 de enero de 1939 en Livingston, Izabal. Especialista en salto en alto. Flores ganó la medalla de oro sucesivamente en tres Juegos Centroamericanos y del Caribe: en Caracas 1959Kingstone 1963 y San Juan 1966. Salió tercero en el campeonato mundial realizado en el Madison Square Garden de Nueva York en 1962 y ganó la medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Sao Paulo 1963.4 5 El Gimnasio Nacional de Guatemala lleva su nombre. 
  

Paco Pérez, Francisco Pérez Muñoz, nacido (Ciudad de HuehuetenangoGuatemala25 de abril de 1916 - El PeténGuatemala27 de octubre de 1951). Autor de "Luna de Xelajú".  

Con la Marimba de Concierto de Bellas Artes de Guatemala:





233. Razones para enamorarse ;) : Por lo que ofrece y también da con agrado (1).

La música

"El ferrocarril de los altos", de Domingo Bethancourt.

Con el Ballet Moderno y Folklórico de Guatemala

Con la Marimba de Concierto de Bellas Artes de Guatemala
 


El quetzal es un ave perteneciente a la familia de los trogones.
Originalmente, la palabra quetzal se aplicaba únicamente para el quetzal resplandeciente, Pharomachrus mocinno, el famoso quetzal de cola larga de Centroamérica, el ave símbolo de la República de Guatemala. Hay que cuidar el quetzal está en peligro de extinción.
Su hábitat es la selva montañosa, en espacios húmedos. Generalmente ponen dos huevos (color azul pálido) en cada nidada.
Según el American Heritage Dictionary, quetzalli puede traducirse como «cola larga de plumas brillantes».
Hasta años recientes, se creyó que el quetzal no podía procrear ni vivir mucho tiempo en cautiverio, por lo que es un símbolo tradicional de la libertad. 
Dice una leyenda guatemalteca que el quetzal solía cantar hermosamente antes de la conquista española y que ha quedado callado después, pero cantará otra vez cuando la tierra esté libre de verdad.



La Ceiba pentandra, árbol nacional. 
 
 

 La monja blanca

El tamal.

El cacao

 El legado Maya
El calendario circular




 


Sus personajes

Rafael Carrera,  (24 de octubre de 1814 - 14 de abril de 1865Jefe de Estado (1844-1847) y presidente vitalicio de la República de Guatemala (1847-1848; 1851-1865).
  
Juan José Arévalo. Juan José Arévalo Bermejo (Taxisco, 10 de septiembre de 1904-Ciudad de Guatemala, 8 de octubre de 1990), fue un educador y político guatemalteco.
En 1944, fue electo presidente de Guatemala de 1945 a 1951 tras la Revolución de 1944.
Se definió a sí mismo como un socialista espiritual, que impulsó numerosas reformas para integrar a las clases más pobres de la sociedad guatemalteca, basado en el New Deal del presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt.
Fue también un prolífico escritor, cuyas obras versan sobre temas de pedagogía e historia de Guatemala. 

Ana Sofía Gómez Porras es una gimnasta guatemalteca. Wikipedia
Fecha de nacimiento24 de noviembre de 1995.
  

Erick Bernabé Barrondo García (n. San Cristóbal VerapazAlta VerapazGuatemala 14 de junio de 1991) es un atleta guatemalteco especializado en marcha atlética.
 

Doctor Aldo R. Castaneda, 17 de julio 1930 

Domingo Bethancourt
Compositor
(1906, Quetzaltenango - 1980, Quetzaltenango)



Ricardo Bressani Castignoli (Guatemala, 28 de septiembre de 1926 - Ciudad de Guatemala, Guatemala, 30 de enero de 2015) fue un doctor en bioquímica. Fue el inventor de la Incaparina. 

 Rigoberta Menchú Tum (Uspantán, 9 de enero de 1959) es una líder indígena guatemalteca, miembro del grupo maya quiché, defensora de los derechos humanos, embajadora de buena voluntad de la UNESCO y ganadora del Premio Nobel de la Paz (1992) y el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional(1998).



10 diciembre, 2016

232. Razones para enamorarse ;) : Su historia (4).


María Chinchilla


Tríptico de la Revolucón, Rodolfo Galeotti Torres, escultor guatemalteco.
Primavera Democrática, Diego Rivera, pintor mexicano.
 
Octubre de 2015

231. Razones para enamorarse ;) : Su historia (3)

 Época colonial.




La independencia.