Rhododendron

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Tsutsuji

07 marzo, 2026

1108. He aquí que tú estás sola. Jaime Sabines, mexicano.

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He aquí que tú estás sola y que yo estoy solo.
Haces cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.
.
Yo no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra, a flor, hueles a amor, y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tú me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.

Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en estos brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos. 


 
Jaime Sabines Gutiérrez (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 25 de marzo de 1926-Ciudad de México; 19 de marzo de 1999) fue un poeta y político mexicano.

 

 

1107. Castigo. Fredy Jiménez, guatemalteco.

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Qué castigo,

este de verte todos los días,

y de ser tan invisible para ti.


Si me vieras,
te enamorarías,
y no precisamente de mí,
sino de cómo te miran mis ojos.

 



 "Cielo para tus alas"


Nació en la ciudad de Guatemala el 3 de octubre de 1993. 

 

1106. Siempre ella. Alejando Ordoñez, español.

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Os voy a hablar de ella. La que, para mí, es ella. Cada uno tiene la suya propia y aquí, en estas pocas líneas, os hablaré de la mía.

 

Ella llegó un día para cambiarme la vida.


Derribó todas las barreras que yo había levantado. No quería saber
nada del amor. Estaba roto, desencantado. Había perdido la ilusión.


Pero entonces, llegó ella y no hubo barrera alguna demasiado alta ni
coraza lo suficientemente dura para su sonrisa. Derritió con su mirada todos y cada uno de los muros que yo creía me protegían de
enamorarme de nuevo.


Me demostró que es imposible frenar el amor cuando se encuentra a
alguien así, tan maravillosa que incluso la vida misma se para a mirarla cuando camina por la calle, feliz, a pesar de todo por lo que ha pasado.


Me ha enseñado a amar de nuevo, a enamorarme cada día de la misma persona y querer seguir cumpliendo sueños a su lado. Se ha convertido en lo más importante, sus sentimientos se funden con los míos y basta un atisbo de tristeza en su mirada para que se me caiga el cielo. Qué ironía. Yo, que no quería amor, termino amando tan intensamente que a veces incluso duele, por los miedos o las dudas de un pasado que siempre pesa, que siempre está presente. 

 

Alejandro Ordóñez Perales (Gijón, 1993). Tras comenzar a estudiar Economía en Madrid, sintió que
la vida se le escapaba entre números mientras su pasión, escribir, se marchitaba en una esquina.
Rompió con las ciencias y se refugió en las letras, saciando sus ganas de sacar lo que lleva dentro en la
web que comanda desde entonces, porescribir.com.