Tres sabios recibieron el encargo de ocultar a Dios para que nadie pudiera hallarlo jamás. Decidieron reunirse para discutir la manera de hacerlo.
El primero de ellos sugirió ocultarlo en la más lejana de las estrellas. Sin embargo, el segundo reparó en que quizá sería encontrado ahí por las potentes naves espaciales del futuro. A su vez propuso que se escondiera en la profundidad de los océanos.
Tras reflexionar un momento, el tercer sabio dijo que también ese remedio sería inútil, porque era probable que en el futuro fuera necesario cultivar alimentos en el fondo del mar para dar de comer a la raza humana, por lo cual Dios sería encontrado.
Así pues, añadió: El único lugar en el que podemos ocultar a Dios para que nadie lo vea jamás es en el interior de cada persona. A nadie se le ocurrirá buscarlo ahí.
Cuenta la leyenda que una mujer pobre con un niño en los brazos, pasando delante de una caverna escuchó una voz misteriosa que allá adentro le decía: "Entra y toma todo lo que desees, pero no te olvides de lo principal. Recuerda algo, después que salgas, la puerta se cerrara para siempre. Por lo tanto, aprovecha la oportunidad, pero no te olvides de lo principal."
La mujer entro en la caverna y encontró muchas riquezas. Fascinada por el oro y por las joyas, puso al niño en el piso y empezó a juntar, ansiosamente, todo lo que podía en su delantal. La voz misteriosa hablo nuevamente. "Tienes solo ocho minutos".
Agotados lo ocho minutos, la mujer cargada de oro y piedras preciosas, corrió hacia fuera de la caverna y la puerta se cerró...Recordó, entonces, que el niño quedó allá y la puerta estaba cerrada para siempre.
La riqueza duro poco... y la desesperación duró para siempre. Lo mismo ocurre con la mayoría de nosotros. Tenemos unos 80 años para vivir, en este mundo, y casi siempre dejamos a un lado lo principal!
Y lo principal en esta vida son los valores morales y espirituales, la familia, los amigos, y nuestra propia vida en total armonía con los que nos rodean.
Pero la ganancia, la riqueza, los placeres materiales nos fascinan tanto que lo principal siempre se queda a un lado... Así agotamos nuestro tiempo, y dejamos a un lado lo esencial.
Jamás nos olvidemos que la vida en este mundo, pasa rápido y que la muerte llega de inesperado. Cuando la puerta de esta vida se cierra para nosotros, de nada valdrán las lamentaciones... Piensa por un momento que es lo principal en tu vida...y... ¡NUNCA LO OLVIDES!
Tú eres la tristeza de mis
ojos que lloran en
silencio por tu amor me miro en el
espejo y veo en mi rostro el tiempo que he
sufrido por tu adiós
Obligo a que te
olvide el pensamiento pues siempre estoy
pensando en el ayer prefiero estar
dormida que despierta de tanto que me
duele que no estés
Como quisiera que
tú vivieras que tus ojitos jamás
se hubieran cerrado nunca y
estar mirándolos
Amor eterno e
inolvidable tarde o temprano estaré
contigo para seguir amándonos
Yo he sufrido tanto
por tu ausencia desde ese día hasta
hoy no soy feliz y aunque tengo
tranquila mi conciencia sé que pude haber
yo hecho más por ti
Oscura soledad estoy viviendo la misma soledad de
tu sepulcro tú eres el amor del
cual yo tengo el más triste
recuerdo de Acapulco
Como quisiera que
tú vivieras que tus ojitos jamás
se hubieran cerrado nunca y
estar mirándolos amor eterno e
inolvidable tarde o temprano estaré
contigo para seguir amándonos
Amor eterno e inolvidable tarde o temprano estaré
contigo para seguir amándonos
Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: ¿Jugamos a las escondidas?
La Intriga levantó la ceja intrigada, y la curiosidad, sin poder contenerse, preguntó: ¿A las escondidas? ¿Cómo es eso? Es un juego, explicó la Locura, en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón.
Mientras tanto ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que yo encuentre ocupará entonces mi lugar para continuar así el juego.
El Entusiasmo bailó secundado de la Euforia, la Alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba nada.
Pero no todos quisieron participar, la Verdad prefirió no esconderse, ¿para qué?, si al final siempre la hallaban. La Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y la Cobardía prefirió no arriesgarse. Uno, dos, tres… comenzó a contar la Locura. La primera en esconderse fue la Pereza, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe subió al cielo y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino, ideal para la Belleza; que si el vuelo de la mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad; que si una rendija de un árbol, ideal para la Timidez; que si la ráfaga del viento, magnífico para la Libertad. Así que terminó por ocultarse en un rayito de sol.
El Egoísmo encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo…pero sólo para El. La Mentira se escondió en el fondo de los Océanos, mientras la realidad se escondió detrás del arco iris y la Pasión y el Deseo dentro de los Volcanes. El Olvido, se me olvidó donde se escondió, pero eso no es lo importante.
Cuando la Locura contaba 999,999, el Amor no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores. Un millón, contó la Locura y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la Pereza, a tres pasos de una piedra. Después se escuchó a la Fe discutiendo con Dios en el cielo sobre la Teología; y a la Pasión y el Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y, claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni qué buscarlo, solito salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza, y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir de qué lado esconderse. Así fue encontrando a todos.
Al Talento entre la hierba fresca, a la Angustia en una oscura cueva, a la Mentira detrás del arco iris (mentira!, si ella estaba en el fondo del Océano) y hasta el Olvido, que ya había olvidado que estaban jugando a las escondidas.
Pero, el Amor no aparecía por ningún sitio. La Locura buscó detrás de cada árbol, en cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las rosas. Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó: las espinas habían herido los ojos del Amor.
La Locura no sabía qué hacer para disculparse. Lloró, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces; desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la Tierra, el AMOR es ciego y la LOCURA siempre lo acompaña.
(3 de julio de 1856 - 1901) fue un poeta guatemalteco nacido en la hacienda «El Paxte», en las faldas del volcán Ipala, en el departamento de Chiquimula. Sobrino del mariscal Vicente Cerna y Cerna, fue perseguido, exiliado y apresado tras laReforma Liberal de 1871 cuando ayudó a su tío a huir del país; siendo un poeta consumado, escribió poemas contra el general Justo Rufino Barrios. El presidente Manuel Estrada Cabrera ordenó a la Tipografía Nacional de Guatemala imprimir sus obras a finales del siglo xix.
Ismael se enamoró platónicamente de una bella joven que conoció en una de las fiestas de gala presidencial. Pero, tiempo
después, la revolución liberal de Justo Rufino Barrios
estalla y triunfa. Ismael ayuda a su tío –el presidente- a exiliarse en Honduras, quien se salva pero Ismael fue
capturado y metido en una bartolina. Después de la
muerte de Barrios, Ismael regresa a Guatemala; un
amigo lo lleva -a propósito- al cementerio general de la
ciudad capital cuando ve una lápida con el
nombre de aquella hermosa mujer que conoció en su
pubertad. Ismael se queda paralizado, ve la tumba
solitaria y al recordar su belleza y encantos, las lágrimas
asoman en sus ojos. El amigo le da un pedazo de carbón
y, de pronto, Ismael escribe este poema.
Modifica tu forma de
sentir, guía tu manera de pensar, cambia tu modo de actuar, quiérete mucho, ama la vida de todos, agradece tu existencia, conságrate a superarte, entrégate a tu trabajo, ejerce tu libertad, recupera tu dicha, manifiesta tu paz, y venera a Dios.
de altas montañas rodeado y de poético ambiente; mas, como era hombre apartado me creían un demente...
Pero ese tiempo pasó... y hoy les cuento a mis lectores, que más tarde tuve yo sinceros admiradores...
Y tanto sonó mi nombre en la República entera, que no quedó un solo hombre que a verme a mi pueblo fuera; unos por criticarme y otros iban a elogiarme de simpática manera.
Con la fama que me dieron candidato ellos me hicieron, pero..., ¡Para Presidente! Y sin tener contrincante salí tan luego triunfante, que no lo creí decente.
Pero, en fin, a lo hecho pecho; y yo entré con pie derecho a ser Jefe de Estado.
Y ... ¡Oh! que grandes ovaciones de taimados, de sacones, y tanto tipo arrastrado...
¡Qué lindo ser presidente! ¡Cómo se apiña la gente cuando uno suele pasar!
Le tocan la Granadera como a la misma bandera, todos le hacen el saludo y una banda con escudo pude en el pecho ostentar.
Lucí condecoraciones; espadines y espadones; carros tuve regalados, de los últimos blindados y quetzales a millones...
Parientes me aparecieron -no sé de dónde salieron-; mas, eran todos mestizos, enanos y cabezudos; unos sobrinos desnudos y hasta unos primos mellizos.
Los Ministros celebraban mis proyectos con canciones, y si conmigo se hallaban sólo eran genuflexiones.
El Congreso en general estaba siempre a mis pies; y si no recuerdo mal se pasaban todo el mes discutiendo cosas vanas, tan peregrinas y necias, cual prohibirle a las iglesias que tocaran las campanas.
Pero un día..., de repente, ¡Plum...! Me dieron cuartelazo; y yo comentando el caso me quedé estúpidamente... ¡Qué lindo ser Presidente!
(Chiquimula, 14 de julio de 1901 – Ciudad de Guatemala, 16 de marzo de 1968)
fue un poeta, periodista y escritor guatemalteco.
Nunca te justifiques a ti mismo con nadie. Porque la persona que te quiere no lo necesita, y la persona que no te quiere no te creerá.
No dejes que alguien se convierta en prioridad en tu vida, cuando tú solamente eres una opción en la suya… Las relaciones son mejores cuando son balanceadas.
Cuando despertamos en la mañana, tenemos dos simples alternativas: volvernos a dormir y soñar, o nos despertamos y perseguimos esos sueños. La elección es tuya.
Hacemos llorar a los que se preocupan por nosotros. Lloramos por aquellos que nunca se preocupan por nosotros. Y nos preocupamos por aquellos que nunca llorarán por nosotros. Ésta es la realidad de la vida; es extraño pero cierto. Una vez que te percates de ello, nunca será tarde para cambiar.
No hagas promesas si estás contento. No respondas si estás triste. No tomes decisiones si estás enojado.
Un hombre que cortaba y tallaba rocas para hacer lápidas, se sentía infeliz con su trabajo y pensaba que le gustaría ser otra persona y tener una posición social distinta. Un día pasó delante de la casa de un rico comerciante y vio las posesiones que éste tenía y lo respetado que era en la ciudad. El tallador de piedras sintió envidia del comerciante y pensó que le gustaría ser exactamente como él, en lugar de tener que estar todo el día trabajando la roca con el martillo y el cincel.
Para gran sorpresa suya, el deseo le fue concedido y de este modo se halló pronto convertido en un poderoso comerciante, disponiendo de más lujo y más poder de los que nunca había podido soñar. Al mismo tiempo era también envidiado y despreciado por los pobres y tenía igualmente más enemigos de los que nunca soñó.
Entonces vio a un importante funcionario del gobierno, transportado por sus siervos y rodeado de gran cantidad de soldados. Todos se inclinaban ante él. Sin duda era el personaje más poderoso y más respetado de todo el reino. El tallador de lápidas que ahora era comerciante, deseó ser como aquel alto funcionario, tener abundantes siervos y soldados que lo protegieran y disponer de más poder que nadie.
De nuevo le fue concedido su deseo y de pronto se convirtió en el importante funcionario, el hombre más poderoso de todo el reino, ante quien todos se inclinaban. Pero el funcionario era también la persona más temida y más odiada de todo el reino y precisamente por ello necesitaba tal cantidad de soldados para que lo protegieran. Mientras tanto el calor del sol le hacía sentirse incómodo y pesado. Entonces miró hacia arriba, viendo al sol que brillaba en pleno cielo azul y dijo: “¡Que poderoso es el sol! ¿Cómo me gustaría ser el sol!”
Antes de haber pronunciado la frase se había ya convertido en sol, iluminando toda la tierra. Pero pronto surgió una gran nube negra, que poco a poco fue tapando al sol e impidiendo el paso de sus rayos. “Que poderosa es esa nube! – Pensó- ¡cómo me gustaría ser como ella!”
Rápidamente se convirtió en la nube, anulando los rayos del sol y dejando caer su lluvia sobre los pueblos y los campos. Pero luego vino un fuerte viento y comenzó a desplazar y a disipar la nube. “Me gustaría ser tan poderoso como el viento,” pensó, y automáticamente se convirtió en viento.
Pero aunque el viento podía arrancar árboles de raíz y destruir pueblos enteros, nada podía contra una gran roca que había allí cerca. La roca se levantaba imponente, resistiendo inmóvil y tranquila a la fuerza del viento. “¡Que potente es esa roca!” –Pensó- “¡Cómo me gustaría ser tan poderosa como ella!” Entonces se convirtió en la roca, que resistía inamovible al viento más huracanado. Finalmente era feliz, pues disponía de la fuerza más poderosa existente sobre la tierra. Pero de pronto oyó un ruido. Clic, Clic, Clic. Un martillo golpeaba a un cincel, y este arrancaba un trozo de roca tras otro. “¿Quién podría ser más poderoso que yo?”, pensó, y mirando hacia abajo la poderosa roca vio... al hombre que hacía lápidas.
Muchas personas consumen su vida entera buscando la felicidad sin encontrarla nunca, simplemente porque no miran en el lugar adecuado. Nunca podrás ver una puesta de sol si estás mirando hacia el Este y nunca encontraras la felicidad si la buscas entre las cosas que te rodean. El cuento del tallador de lápidas te enseña que la felicidad no depende de lo que cambies en tu vida... salvo que te cambies a ti mismo.